Los okupa, el derecho universal a la vivienda y las invasiones: Perspectiva humana


Vamos a iniciar esta columna recordando el artículo 25 de la Declaración de los Derechos Humanos que suscribe “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda…”. Dicho derecho a la vivienda está también amparado en el artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Las Naciones Unidas van más allá al definir el concepto de vivienda digna y adecuada como “el derecho a vivir en seguridad, paz y dignidad”.

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El movimiento Okupa está muy posicionado en ciudades españolas y alemanas

Sin embargo, la ONU también expone las condiciones que la persona debe cumplir para habitar una vivienda digna y adecuada. Comprende el pago de un precio justo o de un alquiler igualmente compatible con la calidad del inmueble. Además, implica la seguridad jurídica de tenencia del lugar. Esta introducción nos sirve para ubicar los vacíos conceptuales en lo que corresponde al Derecho Universal de la Vivienda. Es un tema muy importante ad portas de la crisis económica y social que ya muestra sus primeras y terribles consecuencias en esta época de pandemia por el COVID-19. El acceso a un lugar donde vivir va a ser un problema mayúsculo tras el cierre de la crisis sanitaria. Muchas personas que alquilan inmuebles no han podido cumplir con sus obligaciones por la imposibilidad de trabajar. ¿Qué va a pasar con ellos al término de la cuarentena?

Ese complicado escenario nos remite a los problemas de vivienda que desde hace muchas décadas se dan en nuestro planeta. Y, al escribir sobre ellos es imposible no referirse al fenómeno de los okupas. Se trata de un movimiento tan social como mundial. Donde, básicamente, grupos de personas se van apropiando de inmuebles ya sea para residir temporal o permanentemente, e incluso para crear centros sociales, culturales o políticos. Viendo más el tema de la vivienda, que es el más común, los okupas cumplen una doble función al posicionarse de una residencia desocupada (muchas de ellas son segundas residencias de sus legítimos propietarios): tener un lugar donde vivir y exponer las dificultades para acceder a lugares donde residir y el ánimo de especulación de los auténticos dueños.

¿Quiénes crean que estoy escribiendo necesariamente sobre países en vías de desarrollo o del tercer mundo? Están muy equivocados. Los Okupas tienen una gran presencia en las principales ciudades de España, Alemania y otras naciones europeas. En los Estados Unidos son equivalentes a los llamados ghettos, y por supuesto en la India, Asia, África y Latinoamérica también se dan estas ocupaciones. Yendo, en específico al Perú, se sabe que muchos de los Pueblos Jóvenes o también llamadas barriadas tuvieron un origen en lo que se suelen llamar invasiones que luego fueron legitimados sobretodo en gobiernos con tendencia social.

Esta realidad siempre va a depender de las perspectivas, la del propietario y la del ocupante ilegal. Pero, el debate no estaría completo sin incluir el factor humano. Hay terrenos que se encuentran desocupados por larguísimos periodos de tiempo, y grandes sectores poblacionales que han tenido que emigrar de sus lugares de origen ya sea por las paupérrimas condiciones en que vivían o por la violencia de las guerras y el terrorismo. Hoy en día, los inmigrantes son una contundente realidad a la que el mundo se ha obligado a abrir los ojos. Ese mismo mundo que se autodenomina como justo, religioso y compasivo y que en realidad no lo es.

El año pasado, HBO estrenó una miniserie británica titulada Years & Years. Se trataba de una producción que da una mirada al futuro próximo desde un punto de vista ecológico y habitacional. La serie incurre mucho en el tema inmigratorio y plantea como a la larga el gobierno inglés termina instaurando medidas que van desde campos de concentración, hasta la obligación para que las personas que tienen habitaciones vacías en sus viviendas deban cobijar a otras familias. Muchos dirán que esto es una ficción, pero en realidad es un escenario que no estaría tan lejos de nuestra realidad actual.

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Varios Pueblos Jóvenes peruanos nacieron tras invasiones que luego se legitimaron

Quería cerrar esta columna recordando un caso específico que tuvo como protagonistas a jóvenes, artistas y amantes de la lectura. En el otro lado de la vereda el ex arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani. El llamado Boulevard de Quilca, donde no sólo se compraban libros muchísimas veces ajenas a la oferta de las librerías convencionales, sino que se declamaba poesía, y daba cabida a otras manifestaciones artísticas fue cerrado y desalojado por el propio Cipriani en 2016, pues se trataba de un terreno de la Iglesia. Una pena, pero seguro que usted amigo lector podría pensar que se iba a destinar a una capilla, o, mejor aún, un centro de asistencia social, un comedor popular. Pero, no fue así, lo convirtió en una playa de estacionamiento. A mí, acciones como éstas me abren los ojos a nuevas perspectivas sobre las ocupaciones.

Manuel Salazar Ordoñez

Categorías:Derechos HumanosEtiquetas: , , , , ,

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