El COVID-19 nos propone un 2020 lleno de restricciones y desafíos


El Primer Ministro Vicente Zeballos soltó la bomba que seguramente muchos ya veían venir, hasta fines del 2020 no funcionarían muchos sitios de esparcimiento a los que los peruanos estamos muy acostumbrados. Esta es una medida lógica, que comprende la siguiente etapa de una emergencia sanitaria tras el aún no decidido cierre del aislamiento social obligatorio (el 26 de abril es una fecha tentativa, pues las estadísticas siguen siendo negativas para el cese de esta restricción).

Pero, ya colocadas las fichas sobre el tablero, es tiempo de que el ciudadano promedio termine de entender que el COVID-19 es una realidad que se debe afrontar con este grado de seriedad y alarma. Partidos de fútbol, ver películas en un cine, obras de teatro, noches de discoteca, ir a cenar a alguno de los lindos restaurantes de nuestro Perú, viajar, ir a un gimnasio no están por encima de la vida misma. Ni siquiera estudiar en el modo presencial, o trabajar en esa misma modalidad, son más importantes que nuestro bienestar.

El verdadero problema es la cantidad de personas que estaban detrás de estas actividades, los trabajadores que muy probablemente vean vulnerados sus derechos laborales. Para ello no hay soluciones sencillas, y mucho va a depender de las posibilidades que estos trabajos varíen su estatus de presencial a remoto. Los profesores pueden dictar clases virtuales (ya lo están haciendo), aunque las instituciones educativas y académicas deberán invertir en servidores mejores para no trabar la interacción con los estudiantes. El cine y el teatro también podrían llegar a un estado de compartir las funciones por un pago.

En estos momentos, los restaurantes que ya tenían servicio de delivery están reforzando sus flotas en previsión de que el servicio a domicilio será su único nicho laboral. Es obvio que los servicios de entrega a casas como Rappi, Uber Eats y otros del mismo ramo reclutaran más personal. Lo que llevará a muchos ciudadanos a cambiar de ramo laboral. Los gimnasios pueden ofrecer entrenamientos y rutinas caseras vía internet. El fútbol puede jugarse a puertas cerradas. Es cuestión de buscar soluciones enmedio de las dificultades.

No todo va a poder remediarse, es obvio, no va a dejar de ser un 2020 que nadie quiere vivir. Si se quiere “un año de porquería”. Pero, siempre nos podemos preguntar cómo hubiera sido vivir todo esto sin los adelantos tecnológicos con los que contamos. También, podemos pensar que no somos los que peores están, hay familias divididas por este virus, compatriotas que han quedado varados en países extranjeros, gente con menores recursos económicos que los nuestros y, sobretodo, personas contagiadas del COVID-19 y convalecientes de otras enfermedades que pasan las peores circunstancias.

A mi modo de ver, que es una opinión muy particular, este 2020 puede ser enfocado desde dos perspectivas distintas. Como un paréntesis en nuestras vidas, que luego buscaremos dejar atrás y si se puede olvidar. O como un desafío que nos deje enseñanzas. Por ejemplo, que con orden podemos superar obstáculos complicadísimos, o una prevención mayor para futuras crisis ya sean sanitarias o de otra índole. Cada quien escoge que rescata de esta experiencia.

Manuel Salazar Ordoñez

Categorías:Coyuntura, Derechos Humanos, Política, Redes SocialesEtiquetas: , , , , ,

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