Los Simpson, sus frases célebres y la filosofía urbana


De vez en cuando hay que reírse, y esta columna apunta a ese objetivo. Y, para ese fin, una fórmula segura y eficaz es recordar algunas de las frases vertidas por los inolvidables integrantes de la “familia amarilla” durante sus 31años televisivos. En estas líneas recopilamos algunas de estas frases, la mayoría pertenecientes al patriarca Homero Simpson, que muy bien podrían encajar en lo que llamamos filosofía urbana o sabiduría popular.

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“Para mentir se necesita a dos personas, uno que mienta y otro que le crea”, Homero Simpson resume de esta manera la dinámica de mentir. Y, siendo sinceros, aunque el mentiroso es el principal culpable en un fraude, no es el único que participa. El crédulo, el incauto, el cándido (por decirlo suavemente) también tiene su cuota de responsabilidad. En el mundo en que vivimos no se puede ir por la calle, o por la vida, confiando en todo el mundo. Es una pena, pero la desconfianza se ha convertido en una sabia consejera.

La querida Marge Simpson recoge mucho de la sabiduría materna con esta simple frase “Ahora vamos a solucionar nuestros problemas con un gran plato de helado de vainilla”. Es un escapismo que, seguramente, hemos escuchado en casa muchas veces, quizás no siempre con “helado de vainilla”, quizás de otro sabor o algún tipo diferente de postre. Pero, la idea que uno pueda olvidarse, aunque sea momentáneamente, de los problemas con algo rico de comer es de práctica casi universal.

Homero Simpson describe la futilidad del dinero con este inmortal pensamiento: “Tiene todo el dinero del mundo, pero hay algo que no puede comprar… un dinosaurio”. Es cierto, ni todo el dinero del planeta te garantiza la felicidad, sobretodo si eres como Homero y tu meta es adquirir a una bestia prehistórica que existió hace milenios. El dinero tampoco puede comprar el verdadero amor, no resucita a tus seres queridos, ni te regresa en el tiempo para evitar las estupideces que cometiste.

“Familia, religión y amistad… son los tres demonios a aniquilar si quieres triunfar en los negocios”, una frase tan materialista sólo podía surgir de Montgomery Burnes, el acaudalado jefe de Homero Simpson. Y, aunque suene frío e inhumano no carece de razón. Los adictos al trabajo que muchas veces triunfan en la vida económica son personas tan dedicadas a sus vidas profesionales que descuidan otros aspectos del buenvivir. Gozar de tu familia, de tus amigos y de un norte espiritual suelen ser riquezas para hombres y mujeres que disfrutan de una vida más allá de sus cuentas bancarias.

El buen Homero Simpson resume de esta manera la adicción al alcohol: “El alcohol: la causa y la solución de todos los problemas de la vida”. Es el círculo vicioso del alcoholismo, uno tiene problemas y se va al Bar de Moe (o a cualquier otro tugurio que sí sea real) a beberse unas cervezas para olvidar tus líos. Pero, llegas a casa para sumar nuevos conflictos por estar bebido. Al día siguiente sigues teniendo los mismos problemas del inicio, además de los entuertos caseros, y ¿cuál es la solución? Volver al bar.

¿Cómo evitar perder el trabajo y asegurarte permanecer varios años en tu puesto? Homero Simpson tiene una receta infalible, “Tres pequeñas frases que te ayudarán a lo largo de tu vida: la primera ¡Cúbreme!, la segunda ¡Buena idea, Jefe!, y la tercera: estaba así cuando llegué”. En otras palabras, si vas a haraganear asegúrate de dejar un reemplazo. Siempre saca la franela para dejar “reluciente” a tu jefe. Y, finalmente, nunca asumas la responsabilidad de ningún desastre. La ley de la supervivencia.

Un poco de poesía envuelta en senilidad: “Tú me recuerdas a un poema del que ya no me acuerdo, a una canción que nunca existió y a un lugar al que no creo que haya ido nunca”. El Abuelo Simpson le dedica esa frase a uno de sus amores otoñales, si la lees sin pizca de romanticismo en realidad no dice nada, pero enmedio de la pasión suena no sólo profunda, sino desgarradora y romántica. Don Abe tiene su alma de poeta.

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De esta forma llegamos al final de una breve recopilación de frases Simpson, aquí no incluimos ni a Bart ni a Lisa, mucho menos a la silente Maggie (pero podrían participar de una segunda parte de esta columna). La verdad, el verdadero filósofo popular es Homero Simpson, a gusto de este columnista lo mejor de la creatividad de Matt Groening. Antes de despedirme siento que es importante recalcar algo que es obvio, es una columna que busca divertir, no pretende dar verdaderos consejos de vida, aunque haya una cuota de realidad en cada una de las frases.

Manuel Salazar Ordoñez

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