El acoso sexual en universidades, trabajos, sindicatos: ¿Cómo combatirlo?


No hace mucho tuve el desagrado de enterarme que el acoso sexual se ha vuelto un tema común en gran parte del entorno laboral y gremial donde me desarrollo. Incluso en la universidad donde me gradué y me titulé se han dado graves denuncias. En el camino se han implementado protocolos, abierto investigaciones que de ratificar las acusaciones deberían derivar en despidos y hasta en procesos judiciales. Porque nadie tiene que verse expuesto a seguir trabajando, estudiando o compartiendo con profesores, jefes, compañeros que han buscado someterte a un acoso, cuando no a un abuso físico.

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Pese a que el tema del acoso sexual ha rondado activamente en agendas políticas, sindicales, empresariales durante ya un buen tiempo, ha sido esta última década la determinante para que liderada encabezados periodísticos, para transformarse en leyes, y ver como empresarios y magnates mundiales de distintos ramos eran derrumbados y procesados judicialmente. Recuerdo que un caso simbólico fue el del comediante Bill Cosby, pilar de la comunidad afroamericana estadounidense que fue denunciado múltiples veces por violación sexual. Otros han sido separados de empresas millonarias por acusaciones de acoso sexual, Harvey Weinstein ya no forma parte de la productora cinematográfica que él creó (una de las más importantes de los EEUU) por sus actos lascivos. Kevin Spacey es el gran gestor del éxito televisivo House of Cards, sin embargo fue “eliminado” de la última temporada tras comprobarse sus intentos de seducir jóvenes actores.

El Perú no es nada ajeno a estas prácticas, es más, tenemos un altísimo índice de acoso sexual. Y, seguramente, los que no queremos cegarnos, mirar para un costado, escudarnos en estupidas excusas (cuando vamos a entender que no se puede ser insistente tras un rechazo o que está mal que un jefe o un profesor invite a salir a las personas a su cargo), vamos a constatar con facilidad y frecuencia las conductas abusivas y acosadoras. Denunciarlas y buscar las sanciones más severas no es ser desleal, ni ensuciar la institución a la que pertenecemos. Todo lo contrario, arrancar a estos miembros grangenados es salvar la institución.

Aunque está claro que hay que investigar las denuncias, pero como en todo caso de ultraje y de abuso se debe proteger al o a la denunciante. Es difícil denunciar el acoso sexual, la sociedad machista en la que vivimos suele ser el escenario perfecto para que un o una acosador o acosadora lleve a cabo sus abusos impunemente.

Muchas veces se opta por exigir que las víctimas salgan del anonimato, dado que varias denuncias son difundidas en colectivos virtuales como Me Too que protege al denunciante. Muchos acosos, peor aquellos que llegan hasta el abuso físico e íntimo, son causa de vergüenza para las víctimas que prefieren ser voces anónimas, de esto se aprovechan los acosadores para quedar impunes. Es importante resaltar que Me Too suele tener contacto reservado con sus usuarias, lo que permite una fiabilidad de sus testimonios.

La mejor manera de combatir el acoso sexual es la inflexibilidad de las instituciones -academicas, laborales, gremiales, etc.- con los agresores. Tener una verdadera tolerancia cero contra este flagelo es, incluso, una buena técnica de imagen institucional. Desgraciadamente, ninguna entidad está libre de contar con un acosador entre su gente, pero al sancionarlo, separarlo y hasta denunciarlo penalmente se está demostrando que existe una genuina política contra este delito.

Tristemente, una de las mentiras que debemos aprender a desterrar de nuestro entorno mental y social es la falsa concepción de un hombre “ganador” que se acuesta con sus subalternas o con sus alumnas. Ese no es un “ganador” sino un pobre acomplejado que no se siente con lo necesario para poder interesarle a alguien por lo que es. Debe abusar de un poder económico, jerárquico o de una posición donde debería fungir como un formador y no como un mañoso. Es, en realidad, una caricatura de un hombre.

Otro riesgo de “pasar por agua tibia” los acosos sexuales es que los acosadores no cometen sus felonías aisladamente, es un vicio que se aviva al no ser castigados. ¿Cómo se siente un acosador sexual que logra sortear las denuncias en su contra por tecnicismos o por negligentes y permisivas investigaciones? Siente que ha ganado y al tiempo se sentirá también avalado para seguir acechando nuevas víctimas. Estas ya se lo pensarán dos veces antes de denunciarlo, pues lo verán como un “intocable”. Por ello, los que avalan o camuflan las agresiones o acosos sexuales son también cómplices de ellos.

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Esta semana hubo una noticia alentadora en el Perú para los que buscan una firme actitud contra el acoso sexual. Se condenó a un sujeto que hostigaba a su ex pareja, una menor de edad, utilizando fotografías íntimas de ella. Es un primer y retardado paso, pero se espera sea un aviso, una advertencia, un antecedente para los futuros casos de acoso. Una sociedad mejora cuando se adapta a los signos de los tiempos, nuestra actualidad busca priorizar esos derechos humanos y civiles que están escritos desde hace mucho tiempo pero que hasta hace poco han sido letra muerta. Debemos mejorar día con día. Debemos castigar severamente el acoso sexual.

Manuel Salazar Ordoñez

Categorías:Derechos Humanos, Periodismo, PolíticaEtiquetas: , ,

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