Venezuela según Jack Ryan: Algo de realidad y mucho de ficción


La segunda temporada de la serie estadounidense Jack Ryan, que ya se puede ver por Amazon Prime Video, nos manda a una Venezuela exagerada. No me refiero a la crisis social y política que indudablemente existe, ni al tufillo dictatorial que se desprende del gobierno de Nicolás Maduro (que si bien es elegido en las urnas, la sospecha de fraude acompaña sus últimos triunfos). Pero, tal cual es la costumbre norteamericana, se permiten ir degenerando la figura del supuesto émulo de Maduro, Nicolás Reyes (interpretado por el actor español Jordi Mollà). Ya que no sólo es un tirano capaz de arrasar barrios enteros, sino un asesino a sangre fría.

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A mí siempre me ha llamado la atención la capacidad de los guionistas gringos para crear ficciones en base a la actualidad de diferentes países, como lo hace con naciones de Latinoamérica, Medio Oriente o Asia. ¿Qué pasaría si desde uno de estos países hicieran una producción truculenta con Donald Trump como protagonista? Tendrían los estadounidenses la misma paciencia que nos exigen tener a nosotros. Llegado a este punto, me parece pertinente indicar que no apoyó a Nicolás Maduro, pero tampoco me parece justo el libertinaje creativo capaz de parodiar dramas que día a día asolan a mujeres y hombres de países como Venezuela.

Quentin Tarantino lo hace, pero no con situaciones contemporáneas. Su Adolf Hitler que muere calcinado en un cine parisino, el asesinato de los seguidores de Charles Manson y Sharon Tate sobreviviendo. Esas son libertades creativas que no ofenden o no deberían ofender a nadie. Pero, tratar temas coyunturales es delicado y potencialmente ofensivas para mucha gente. No es la única ficción que toca fibras sensibles, se recuerda la película La Entrevista (2014), que causó las iras de los partidarios del líder de Corea del Norte Kim Jong- Un. Nuevamente, aclaro que no tengo ni la menor simpatía por este dictador y obvio asesino, pero una cinta como la protagonizada por James Franco es frivolizar el drama que experimentan los norcoreanos en carne propia.

Más allá de eso, la segunda temporada de Jack Ryan muestra un incremento en las escenas de acción pero pierde mucho en el verdadero sentido del espionaje, presente en el primer año de la serie de Amazon Prime Video y en las cintas y libros de Tom Clancy dedicadas al personaje. La televisión paga nos ha acostumbrado a un margen de calidad y a no depender de formatos meramente populares. En este caso, vemos un efecto contrario. Se deja ver, pero no me resulta indispensable para nada.

Así las cosas, dejo a la elección de mis lectores enfrascarse en la segunda temporada de Jack Ryan. Entretenida pero con menos calidad que la anterior y, por momentos, realmente obvia.

Manuel Salazar Ordoñez

Categorías:Política, Series de TVEtiquetas: , , , ,

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