Ted Bundy, el asesino serial que cometió treinta feminicidios en los 70


La imaginación nos remite a concebir a un asesino serial como un monstruo que puede tener una apariencia desquiciada al estilo de Charles Manson (tan recordado últimamente por la excelente nueva película de Quentin Tarantino: Había una Vez en Hollywood) o a un desadaptado como Dennis Reader, el infame asesino BTK (siglas de Bind, Torture and Kill: Atar, torturar y matar). No lo vemos como un hombre promedio, elegante, de buena labia, con estudios universitarios, religioso y hasta con una intensa vida en la política. Ese es un error que puede ser imperdonable, sobretodo para sus víctimas, quienes descubrieron la peor pesadilla hecha realidad en los feminicidios del depredador Ted Bundy (1946-1989).

tedbundy1La apariencia común y corriente del asesino serial Ted Bundy fue su tapadera para cometer sus espantosos feminicidios

Ted Bundy no sólo contaba con una apariencia que desplegaba confianza, sino con un ardid que perfeccionó, el de presentarse como un hombre con una lesión que le inutilizaba el brazo (aparentemente indefenso) y un problema que podría darse como cotidiano: no poder ingresar un bote desarmable a su Volkswagen Escarabajo, un automóvil muy usado en los años 70 tanto en los Estados Unidos como en el Perú y otros muchos países del mundo. Las jóvenes le prestaban ayuda y el rápidamente las reducía para violarlas, torturarlas y, finalmente asesinarlas, descuartizando sus cuerpos. Treinta chicas fueron destruidas por este salvaje en el escaso plazo de cuatro años, y la policía (aún hoy en día) presume que también sería autor de otros feminicidios que no se le pudieron imputar oficialmente.

Bundy era inteligente, y se valía de la inexperiencia de una policía que en aquellos años todavía no optimizaba los estudios de la conducta asesina para determinar lo que hoy, desde los años 80, es mundialmente conocido como un “asesino en serie”. Se desplegaba de un extremo a otro de los amplios Estados Unidos, aprovechando que las autoridades estatales rara vez compartían sus investigaciones y pesquisas. Logró huir hasta en dos ocasiones, la primera fue capturado rápidamente, pero en la segunda burló a las fuerzas de la ley por más de un año. Ted Bundy fugitivo, consiguió cambiar de identidad y cometer hasta tres asesinatos más en Chicago y Florida, el último de ellos con una crueldad aún más sanguinaria raptó y violó a Kimberly Leach, de apenas 12 años, quien murió en medio del ultraje. Además, ya condenado a la pena capital, eludió a la muerte usando distintas tretas (desde dar información no siempre veraz sobre el destino de los restos de otras de sus víctimas, hasta prestar colaboración con otros casos sobre asesinos seriales). Finalmente, fue electrocutado el 24 de enero de 1989.

¿Por qué revivir todo este horror? ¿Para qué volver a hablar de un ser tan despreciable como Ted Bundy? El motivo principal de una columna de opinión como la presente no es fomentar ningún tipo de idolatría a un asesino como Ted Bundy. Más bien, la intención es recordarnos que los culpables de asesinatos monstruosos no lucen como monstruos, sino son seres de apariencia común y hasta seductora que guardan un infierno en su interior. Son cazadores, depredadores, expertos en lucir como una persona agradable. Hoy, en el mundo de las redes sociales es mucho más sencillo averiguar sobre esa persona que te provoca introducir en tu vida, aunque también las redes nos debilitan a nosotros, pues exponen detalles de nuestras vidas que nos permiten ser víctimas potenciales de un criminal. Siempre hay que ser muy cautelosos.

tedbundy2El ex estrella Disney Zac Efron logra una semejanza increíble con el asesino serial Ted Bundy

Otro motivo para abordar a Ted Bundy es el estreno cinematográfico de esta semana de Ted Bundy: Durmiendo con el Asesino (Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile). Dicha película se perfila como lo más atractivo de la cartelera que debuta este jueves 29 de agosto, y cuenta con el protagonismo de la ex estrella Disney Zac Efron. Esta vez, la historia es contada desde la perspectiva de Meg Anders (de nombre real Elizabeth Kloepfer), una madre de familia con la que Theodore Robert Cowell Bundy compartió cinco años de relación y que fue la primera que denunció una conducta irregular de su pareja, esa fachada de un buen ciudadano que le permitió cometer tantos feminicidios.

Manuel Salazar Ordoñez

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