Dolor y Gloria, un Pedro Almodóvar seductoramente personal (Análisis de Cine sin Spoilers)


Ni bien llegué a Lima, después de unos días de trabajo por México, fui a ver Dolor y Gloria. Pasa que soy fanático de Pedro Almodóvar y, que después de tres años desde el estreno de Julieta ya mi cuerpo y mente pedían su dosis de Almodóvar. Debo reseñar que no se trata de una de las obras mayores del cineasta manchego sino de una película más en el nivel de sus más recientes aventuras cinematográficas como Los Abrazos Rotos, Amantes Pasajeros o la propia Julieta.

dolorygloria2Entre Pedro Almodóvar y Antonio Banderas, cineasta y protagonista de Dolor y Gloria, existe una inmensa amistad

Pero, vamos, aún lo que no es lo mejor de Pedro Almodóvar sigue siendo sobresaliente entre los estrenos que arriban a nuestra cartelera. Ese es el caso de Dolor y Gloria. Se trata, he ahí el mayor atractivo, de uno de los trabajos más intimistas de Almodóvar. Es casi como su autobiografía, con un Antonio Banderas que personifica al cineasta, reproduciendo incluso detalles físicos del creador de clásicos como Mujeres al Borde un Ataque de Nervios o Todo Sobre mi Madre.

Después de un tiempo, estamos frente a una película de Almodóvar donde una mujer no es la protagonista, sino un de sus actores fetiches como Banderas. Y, el popular actor español logra una actuación inolvidable. Con un el retrato de un genio agotado, egoísta, enfermo y en un punto en su vida donde se abre a nuevas y extremas adicciones. Pero, Dolor y Gloria es, también, una retrospectiva de vida. Donde vamos conociendo más del protagonista revisando escenas de su niñez y momentos más cercanos a la actualidad del mismo.

Dolor y Gloria permite el acceso a varios actores típicos del repertorio de Pedro Almodóvar. Sólo Almodóvar en España, como Woody Allen en Estados Unidos, se permite el lujo de utilizar a renombrados intérpretes para papeles pequeños y, en algunos casos, insignificantes. Así vemos a la argentina Cecilia Roth teniendo una brevísima escena. Más trascendentales resultan las performances del también argentino Leonardo Sbaraglia o de la imponente Penélope Cruz como la madre del supuesto Almodóvar. Merecen nuestra atención otras dos interpretaciones masculinas: las de Asier Etxeandía o del niño Asier Flores.

En esta ocasión, los escenarios coloridos tan típicos de Pedro Almodóvar no prevalecen en Dolor y Gloria. Salvo en el apartamento del protagonista. Pero, estamos frente a cuadros vivos como el del niño ante el obrero o el retrato hablado del cineasta enamorado de un joven y su romance atormentado, o la emotiva despedida con su madre. Todo este mosaico compone una cinta de visión recomendable como lo es Dolor y Gloria. A sus 69 años todavía podemos esperar ver más de Almodóvar, pero seguro que pasarán unos años antes de volver a tener otra dosis de su arte.

Manuel Salazar Ordoñez

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