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Atropello a la libertad de expresión: ¿Por qué el caso Jamal Khashoggi estremece al mundo?


Cada país vive envuelto en su realidad y sus propias cuitas, por ejemplo, en Perú la situación de Keiko Fujimori o la fuga del corrupto juez César Hinostroza (detenido en España) llenan las portadas de los medios de comunicación. Pero, existen crímenes que trascienden fronteras, con implicaciones políticas que podrían hasta cambiar el mapeo de los acuerdos comerciales más importantes del primer mundo y ocasionar conflictos de dimensiones bélicas. Este es el caso del asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi.

jamalkhashoggiembajadaEl periodista asesinado Jamal Khashoggi y la última imagen suya con vida, al ingresar a la embajada saudí en Turquía

Vamos a esbozar en los datos más simples posibles la trayectoria de este hombre de prensa que ha estado inmerso en la realidad del islam y sus efectos mundiales desde hace más de tres décadas. Jamal Khashoggi ya cubría los levantamientos afganos en la época de la ocupación rusa, donde Osama Bin Laden no sólo era un amigo útil de los Estados Unidos, sino también de Khashoggi. Él estuvo, asimismo, muy ligado a la familia real de Arabia Saudita, a pesar de ser un creyente en la democracia (rasgo que se iría revelando una vez instalado en los EEUU, desde el 2017).

De ser cercano al régimen del príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán (coloquialmente conocido como MBS) pasó a ser su opositor. No es difícil entender la postura de Jamal Khashoggi, pues MBS es uno de esos tiranos que mezclan concesiones libertarias con un estado de terror. Mientras les permitía a las mujeres conducir automóviles (una ley retrograda a nivel mundial, pero histórica en Arabia Saudita), secuestraba y “desaparecía” a sus rivales políticos y también a sus familias. Incluso, mantiene de rehenes a empresarios que se negaron a llevarle el amén.

Jamal Khashoggi se fue de Arabia Saudita, antes que muchos de sus familiares fueran secuestrados, y desde Washington siguió su labor periodística y social. Siempre llamando la atención sobre los atropellos a los derechos humanos en su país de origen, las gravísimas irregularidades del gobierno de Bin Salmán y la desigualdad existente entre la realeza y la mayoría empobrecida de los países árabes. Revelar esta verdad desde el propio territorio norteamericano era una “jugada maestra” pues los tratados comerciales entre los Estados Unidos y Arabia Saudita es uno de los estigmas que el pueblo norteamericano tiene con sus diversos gobiernos que los suscribieron y mantuvieron.

mbstrumpLos tratados comerciales entre Estados Unidos y Arabia Saudita tienen a Donald Trump y al Príncipe Mohamed bin Salmán como protagonistas de esta crisis

Para MBS, Jamal Khashoggi era una “piedra en el zapato” de su millonario intento por mejorar su imagen hacia el ojo mundial. Fue, entonces, cuando el periodista ingreso a la embajada saudita en Estambul (Turquía) con el fin de obtener unos documentos para su matrimonio. El periodista de 59 años de edad ingresó por cuenta propia el pasado 2 de octubre a dicha instalación (está grabado) y nunca se le vio salir. Diferentes organizaciones de derechos humanos, periodísticas (como la Federación Internacional de Periodistas-FIP), el propio gobierno de los Estados Unidos y el turco exigían saber el paradero de Khashoggi, aunque fuentes internas de la embajada ya alertaban de su asesinato (perpetrado por una quincena de emisarios del Príncipe Mohamed bin Salmán), desmembramiento y hasta destrucción de sus restos. Expuestos ante la evidencia, el pasado 19 de octubre Arabia Saudita aceptó que Jamal Khashoggi murió tras una “pelea” en la embajada.

Una fuente creíble, difundida hace unos días, consignaba un intento de secuestro y extradición forzosa e ilegal (pues Jamal Khashoggi no puede ser considerado un criminal bajo ningún concepto) que salió mal. Según esta información, el periodista sucumbió en el intento de escapar de sus captores, y se deshicieron del cuerpo. Hay algunas referencias para sustentar esta hipótesis, el gobierno saudí habría intentado pagar infructuosamente al periodista para que regresara por voluntad propia a Arabia Saudita y así librarse del detractor que desde occidente era más peligroso que en casa propia. Y, también, afirmaba que si la intención hubiera sido matarlo bastaba con contratar a sicarios chechenos para perpetrar el crimen.

jamalkhashoggi2La indignación por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi ha enlutado al mundo entero

Todo lo expuesto en el párrafo anterior debe servir sólo como mera especulación, y no influye en el resultado final que es un claro e indignante atropello a la libertad de expresión. El asesinato, con graves indicios de crueldad (y será así, mientras el cuerpo no aparezca y pueda ser analizado), de un periodista incomodo a una tiranía. Es, ponerle el rostro humano a las tantísimas desapariciones y vejámenes ocurridas al amparo de gobiernos como el saudita. Un régimen que, por conveniencia económica, tiene a presidentes como Donald Trump intentando camuflar un asesinato que debería significar un rompimiento comercial (que, desde esta tribuna, francamente dudo que se concrete).

Es por ello, que uno debe enterarse de crímenes como el cometido contra el periodista Jamal Khashoggi, un doloroso recordamiento del mundo en que vivimos.

Manuel Salazar

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Categorías:Coyuntura, Derechos Humanos, Periodismo, PolíticaEtiquetas: , , , , , , ,

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