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Todos los Sueños del Mundo, una obra de teatro sobre el teatro


Es la segunda obra de teatro de Mariana de Althaus (una recordada amiga de épocas colegiales) que tengo el gusto de ver, y la primera vez que veo al primer actor Alberto Isola en un escenario. Y, salí realmente gratificado, Todos los Sueños del Mundo es una oda al teatro mismo, pero no un homenaje contemplativo donde el espectador ve únicamente la faceta bonita de la esencia teatral, sino un sincero testimonio colectivo del esfuerzo que puede llevar sacar una obra adelante.

todoslossuenosdelmundo

Y, a pesar de que uno puede creer que Alberto Isola es el protagonista exclusivo de Todos los Sueños del Mundo, en realidad los demás personajes son parte de un retrato coral. Mariana de Althaus dice sobre los actores y la gente que lleva adelante las obras teatrales que “muchos entran al teatro, algunos se quedan, pocos resisten hasta el final. Construyen su vida ordenando las prioridades de tal forma que el teatro, que ocupa espacio como una ballena, lo gobierne todo”. En ese sentido va Adriano Fontana, el personaje de Isola.

Fontana es un actor retirado, ya con serios problemas de memoria (al punto, que sus anteriores interpretaciones se van traspapelando en medio de los ensayos que hace para su único regreso al teatro). Aquí se plantea esa vieja disyuntiva, que no sólo afecta a los artistas, sino a cada ser humano. La necesidad que sentimos de no claudicar en esa profesión que tanto amamos, la vocación de morir al pie del cañón. La verdad no conozco tanto de Alberto Isola para asumir que se parece a Fontana en esa hambre por seguir actuando, pero una carrera exitosa de más de cuarenta años parece avalar cierta similitud. Eso sí, Isola luce intacto y magnifico en el escenario de Todos los Sueños del Mundo.

Video: Outsiders Cultural

Volviendo a otra frase suelta de Mariana de Althaus: “Yo creo que mi enfermedad (refiriéndose a una línea del guion que sostiene que todos tenemos una “enfermedad” que es motor de nuestras existencias) es el teatro. Y la mayoría de gente de teatro que más me fascina, también padece de esa maravillosa enfermedad incurable”. Así cada uno de los integrantes del elenco exorciza una determinada falencia o dolencia en su vida. Julián Reyes (Sergio Llusera) es un director teatral en crisis, que quiere resurgir profesionalmente con una atrevida propuesta. Loreta (Vanessa Vizcarra) vive su mediana edad en búsqueda de un horizonte sentimental que le es esquivo. Pablo (Gabriel Iglesias) de apariencia frívolo, es un actor que carga con un dolor profundo. Y, Nora (Sofía Rocha) una bailarina frustrada por una lesión que desborda su amor al arte produciendo obras.

En este recuento de actores, se extraña al niño Matías Raygada, y es una omisión a propósito, sólo para resaltarlo individualmente. El pequeño actor al que reconocemos del filme Cementerio General 2 y varias publicidades demuestra ser un talento notable para su edad. Da vida al Adriano infantil que alterna en la realidad del Adriano adulto. Tiene momentos con Alberto Isola que no podían más que remitirme nostálgicamente al filme Cinema Paradiso (1988, de Giuseppe Tornatore). Todos los Sueños del Mundo es un montaje que discurre naturalmente entre el drama, el dolor, la añoranza, un sesgo cómico, y ese ambiente de telas, muebles sueltos, luces y tramoyas que tienen los escenarios teatrales.

Ahí está otro de los puntos fuertes de Todos los Sueños del Mundo, un decorado mínimo, con sólo los artículos esenciales para contar la historia que ya había visto en Pájaros en Llamas (la anterior obra de Mariana de Althaus). No es una trama fácil de seguir, necesita atención a los detalles (en ese aspecto hasta la oferta televisiva se ha vuelto más exigente con el espectador). Tampoco, a pesar de abordar la demencia senil es similar a la también buena obra El Padre (de Juan Carlos Fisher, que comentamos en 2017), en ella la perspectiva de la historia partía del personaje de Oswaldo Cattone (un mundo visto por un enfermo de Alzheimer). Lo de Alberto Isola es menos centrado en un personaje, es parte importante de un todo mayor.

Estoy convencido que todos los que aman al teatro, como este periodista de opinión, no van a quedar inertes tras ver Todos los Sueños del Mundo. Es una obra para ver y reflexionar, de aquellas noches que se prolongan en un restaurante con un grupo de amigos o familiares y una conversación alrededor de lo visto. Me da gusto comprobar que una puesta en escena de Mariana de Althaus se sigue vendiendo sola, y más aún con un Alberto Isola que es un placer verlo en su mejor faceta, sobre un escenario teatral. La temporada va hasta el 4 de junio, no se la pierda.

Manuel Salazar

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