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Un conflicto eterno, con tristes noticias actuales: Antisemitismo en Francia y muertes de palestinos en Gaza


Es frecuente encontrar familias divididas que llevan décadas peleadas, y menos frecuente (pero sucede) que ni siquiera recuerden el origen de este malestar. No es una imagen que pueda describir fehacientemente al conflicto de Israel y Palestina, pues todavía están bastante claros los motivos para los protagonistas. Pero, si se habla de judíos y musulmanes, hasta un pasaje del Antiguo Testamento nos remite a la semilla de una pelea histórica, los hijos de Abraham, Ismael e Isaac, el primero raíz de los israelitas y el segundo de los musulmanes (Egipto). Claro ese dato es bíblico, y no histórico.

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Manifestación palestina en Gaza, 16 muertos por balas de tropas de Israel

Seguramente, tanto musulmanes como judíos no verían con ninguna gracia que se les calificara de “hermanos”. Salvando el obstáculo de más de 20 siglos, tras la Segunda Guerra Mundial, Palestina era una colonia británica que buscaba liberarse del yugo de la corona británica, e Inglaterra también quería librarse de ese país ya conflictivo y con guerras y sinsabores por delante. La mayoría árabe, una minoría muy importante hebrea, todos convivían en Palestina desde antes de la Guerra y del Holocausto nazi.

El mundo occidental se sentía en deuda con la comunidad judía al no haber combatido debidamente el genocidio nazi. Y, como es costumbre en países de tendencia imperialista, querían librar sus culpas sin despeinarse demasiado. Estados Unidos ya tenía una pujante presencia judía, así que varios países de América Latina aparecieron como opción de migración (insólitamente también para los nazis). Pero la elección natural era intentar regresarles su “Tierra Prometida”.

Para no hacer más extensa esta antesala, se dividió Palestina en dos (lo cual, indudablemente, no hacía felices a los musulmanes). Israel creció como hierba en el desierto, convirtiendo a Palestina (ahora la parte musulmán) en una suerte de nación dependiente de la electricidad israelita, de su agua potable, en fin. Incluso, los musulmanes que permanecieron en Israel tenían un mejor estándar de vida. Pero, vivir bien no lo es todo. El resentimiento de verse partido en dos, subyugados a ser dependientes, y las consecuentes derrotas bélicas no colaboraron en apaciguar a dos países que son como perro y gato.

Hoy, los musulmanes (a nivel mundial) son catalogados arbitrariamente de terroristas, no se tiene en cuenta que las terroristas son sólo facciones dentro de la etnia más importante del planeta (es la religión más seguida). Se han vuelto segregados y fáciles de discriminar, se desconfía de ellos sólo por su raza, su aspecto, y hasta su nombre, cuando no su religión. Por paradójico que parezca, esa misma actitud se asumía con los judíos en la Europa nazi.

Llegando al meollo, la protesta de este 30 de marzo (en plena Pascua judía) de los palestinos y su llamada Gran Marcha del Retorno buscaba volver a poner en carpeta la vieja idea de recuperar la mitad de Palestina, ósea Israel. Cosa que no va a suceder (es una meta recontra ilusa). El sitio era la fronteriza y convulsiva Franja de Gaza, y existían limitaciones indicadas por las tropas israelís, y supuestamente recordadas por las propias autoridades palestinas. Los manifestantes avanzaron más allá de los límites. La solución de Israel fue “abrir fuego” y mataron a 16 personas.

¿Había otros caminos? Probablemente sí, la gente que protesta casi siempre son revoltosos, y aunque el riesgo de que tengan armas y elementos explosivos es muy latente, no se les puede acribillar sin estar completamente seguros. Pónganse en el caso contrario y es más que seguro que se indignarían. Las fuerzas del orden deben resguardar eso, el orden. Y el orden natural pasa por evitar primero las masacres. Los soldados van armados, con escudos, y antes de disparar deben estar seguros que los manifestantes tienen armas, no sólo presumirlo.

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Mujer que sobrevivió al Holocausto fue asesinada por un musulmán enajenado en París

Esas muertes le duelen al mundo, como duele el asesinato de Mireille Knoll, una ciudadana francesa, judía y sobreviviente al Holocausto. Superó el infierno nazi, para ser salvajemente asesinada por un enajenado musulmán a los 85 años de edad. Ese crimen de odio (que todavía está en investigación) sucedió este mes de marzo. No tiene nada que ver con lo sucedido en Gaza, no es la representación de un pueblo como el palestino, sino el acto solitario de un desquiciado árabe. Pero, nos remite a esa enemistad histórica.

Cerramos esta columna, que es sólo exponencial y no busca ni le interesa tomar partido por ninguna de las dos partes. Sin embargo, uno quisiera dar un pronostico positivo, pero este Siglo XXI no parece ser el escenario de la solución de este conflicto, sino de un recrudecimiento del horror. Sería lindo equivocarse.

Manuel Salazar

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Categorías:Coyuntura, Derechos HumanosEtiquetas: , , , , ,

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