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The Handmaid’s Tale: Una fuerte exposición del machismo y el fundamentalismo


¿Se imaginan un país donde las mujeres sean concebidas como esclavas, cuya única función es procrear? ¿Dónde los homosexuales y lesbianas sean asesinados cruelmente por su naturaleza? ¿En que los militares dominen todo, y la religión someta cada acto de tu vida (aún no seas creyente)? Bueno, eso ya sucede con algunas variantes en el Medio Oriente (no en todos los países, pero sí en algunos). La serie The Handmaid’s Tale (El Cuento de la Criada) muestra lo que pasaría sí estas medidas fueran impuestas en los Estados Unidos.

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The Handmaid’s Tale, difundida por el sistema de streaming Hulu, ha tenido tal impacto que ya ganó el Emmy a Mejor Serie Dramática en su primera temporada. Y, tiene buenas posibilidades de llevarse el Globo de Oro en esa misma categoría el próximo domingo siete de enero. Es lógica su nominación, pues se trata de una producción que cumple con el objetivo principal de lograr un “efecto” entre sus espectadores. Las escenas del maltrato a las mujeres, la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales), el rompimiento de la mínima noción de Derechos Humanos, la esclavitud y sometimiento femenino, son tan sobrecogedoras que indignan y hasta atemorizan.

El temor al ver The Handmaid’s Tale no va tanto por las escenas de sangre (no es más gráfica que otras series o películas que abusan de ese recurso), sino por el peso de lo que sucede en ese universo alternativo o distópico. Lo que más escarapela al espectador consciente son los motivos que se basan para crear una sociedad tan inhumana y dictatorial como la de Gilead (el nombre que recibe este nuevo Estados Unidos en The Handmaid’s Tale). La falta de fecundidad femenina debida a enfermedades de transmisión sexual, uso de anticonceptivos y contaminación ambiental. Todos problemas que no son ajenos a nuestro mundo, pero que tampoco pueden camuflar gobiernos como el exhibido en esta galardonada trama.

Eso nos recuerda que la dictadura es la salida más sencilla a los problemas de la democracia, a pesar que la historia universal ha demostrado hasta la saciedad que los gobiernos fácticos no consiguen resultados reales, sino maquillan temporalmente situaciones críticas. Las verdades revoluciones, las que marcaron la historia moderna (como la francesa, la americana o la rusa) se llevaron a cabo en busca de libertades humanas, justamente las que suelen “desaparecer” en las dictaduras. Definitivamente ausentes en The Handmaid’s Tale.

El fundamentalismo religioso, el coger uno de los tantos “libros sagrados” y pretender “vivir” bajo los preceptos de fe convenientes para los dirigentes, la mayoría de veces “militarizados”, no es una novedad. Bajo esas ideologías se han cometido los peores crímenes de la historia que van desde la inquisición en la Edad Media y Moderna, hasta el Holocausto Nazi hace menos de un siglo. Así viven los talibanes, que escogen sólo algunas enseñanzas del Islam y dejan de lado las que no les convienen. Por eso, lo planteado en The Handmaid’s Tale no es necesariamente mera ficción, pues sí que podría suceder. En algunas partes de los Estados Unidos todo se centra en su visión muy particular del cristianismo. En el Perú, todavía se aplican normas reñidas con los Derechos Humanos y fundamentadas en costumbrismos.

Margaret Atwood (escritora canadiense) es la autora de The Handmaid’s Tale, un libro de 1985, que empezó a desarrollarse en esta primera temporada de diez episodios. La historia puede no ser novedosa, pues como ya he dicho sucede en menor o mayor medida en países del mundo contemporáneo, pero la orquestación del relato la convirtió en un éxito de ventas y lo mismo sucede con la serie. Donde las actuaciones de la protagonista Elisabeth Moss (como June o Defred una de las criadas destinadas a tareas reproductivas), o de Joseph Fiennes (de Shakespeare Enamorado) como el Comandante y dueño de la casa donde trabaja Defred son excelsas. Asimismo, la interpretación de la ama de casa que va de la conmiseración a la crueldad en la misma escena (Yvonne Strahovski) o la perturbadora Ann Dowd como la brutal instructora de esclavas.

No se puede dejar pasar The Handmaid’s Tale, una serie que te va a quedar en la retina, y debe derivar en más de un debate moral.

Manuel Salazar

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Categorías:Derechos Humanos, Series de TVEtiquetas: , , , ,

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