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Riverdale (serie de televisión): Funciona oscurecer a un personaje clásico como Archie


Se imaginan a Pedro Picapiedra siéndole infiel a Vilma o a la Pequeña Lulú entrando a una adolescencia complicada (quizás en un estilo gótico), bueno eso es un poco lo que sucedió a varios seguidores del otrora popular Archie dentro del mercado peruano. Si no habías podido acceder a los modernos títulos de Archie Comics (la editorial que se dedica básicamente a este personaje y sus amigos), tu última referencia deberían ser las historietas de la mexicana Editorial Novaro.

Novaro cerró su producción a fines de los 80, y Archie era más inocentón que nunca. Enamorado un poco de Veronica y otro tanto de Betty Cooper, con su inseparable amigo Torombolo (Jughead), y las pesadas bromas de Carlos (“Reggie” Mantle III), así era el pelirrojo protagonista de la tira homónima creada en 1939 por el publicista John L. Goldwater, el guionista Vic Bloom y el dibujante Bob Montana. Su éxito fue  tremendo y con los años se convirtió en la editorial Archie Comics (responsable de otros personajes que dieron el salto a la pantalla chica como Sabrina, la Bruja Adolescente– recordada sitcom con Melissa Joan Hart y las musicales Jossie and The Pussycats– que también aparecen en la nueva serie Riverdale).

Es importante decir, que en el mercado estadounidense Archie sí sufrió varios cambios. Si bien se mantuvieron versiones clásicas (siendo la de los años 50 una de las predilectas), también gozaron de gran popularidad otras que colocaban a un Archie adulto, que incluso sacrifica su vida al recibir un balazo destinado a su amigo gay Kevin Keller. Hasta ahí el contexto para entender la razón de que a los “gringos” no les resulte tan extraño toparse con un Archie oscuro, capaz de llevarse a su maestra al asiento trasero del auto y hacer la fantasía más retorcida de muchos adolescentes (sólo que aquí la Miss Grundy no es una viejita como en las tiras originales, sino una sexi profesora de música). Todo lo demás en Riverdale va más o menos en esa ruta transgresora.

Los resultados en sintonía no han sido para nada malos, ya va por su segunda temporada y todo parece allanado para estar un buen tiempo en la TV actual. Hay mucho de Riverdale con otras series juveniles como The O. C. o Gossip Girls, y la iniciadora de esta fiebre: Beverly Hills 90210 (incluso Riverdale toma prestado a Luke Perry– el popular Dylan que se convierte en el padre de Archie). A todo esto se añade un nuevo y perturbador elemento: un crimen que revuelve los cimientos del supuesto idílico pueblo. La podredumbre de sus habitantes irá apareciendo poco a poco cautivando al espectador.

Mi experiencia personal con Riverdale fue inicialmente de rechazo, pero con el pasar de los episodios me fui dejando cautivar. Al final de la primera temporada me quedé pidiendo más. Resulta que la serie es entretenida, bien presentada y eficazmente protagonizada por un elenco juvenil (donde, siendo sincero, apenas logré reconocer una o dos caras: la de Cole Sprouse – uno de los gemelos Disney e hijo de Ross en Friends). A Sprouse le toca interpretar a Jughead (Torombolo) el inquisitivo muchacho de baja sociedad que va convirtiéndose en uno de los protagonistas de Riverdale. Es como la contracara de un grupo humano más acomodado, como el “amigo sin dinero” que los padres ven con malos ojos.

riverdalejughead

Archie, a pesar de ser mucho más desinhibido que el puritano muchacho de los cómics, sigue siendo el mismo. Buen amigo, creativo, deportista, con atractivo entre las mujeres y hasta para su amigo gay (refrescante presencia de un homosexual sin ningún tipo de degradante estereotipo). Siempre termina yendo por la ruta correcta, aunque esto le termine haciendo vivir más de una decepción. El final de la temporada inicial lo deja en medio de una encrucijada sumamente dramática. Enamoradizo, pero con la misma y clásica fijación en Roonie (Veronica) y la negativa perenne a Betty Cooper.

Veronica (sin acento en la o, como corresponde al nombre pronunciado en su inglés original) es hija de un empresario que estafó a sus accionistas (a lo Bernie Madoff o, si prefiere, al peruano Carlos Manrique, el de CLAE). Junto a su madre deben mudarse a Riverdale (ciudad donde se conocieron sus padres) e huir del ojo público. Betty Cooper es una joven aspirante a periodista, parece ser la chica ideal pero esconde un perturbador cuadro familiar, donde los secretos y una suerte de doble personalidad son el mayor de los riesgos.

Recomiendo Riverdale, es entretenida, atrevida y con ese aire telenovelesco del que muchas veces despotricamos pero nos encanta ver.

Manuel Salazar

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