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Navidad: Cuatro iniciativas para preparar el Nacimiento de Jesús


Preparar la Navidad, no se remite únicamente a la parte estética, que tiene un importante significado familiar y tradicional, como es armar el típico arbolito, o el pesebre del Nacimiento. Es algo mucho más espiritual. Una opción viable y que recomendamos en esta otra columna (https://manuelsalazarlima.com/2016/12/04/adviento-preparandonos-para-el-nacimiento-de-cristo/) es vivir el tiempo litúrgico de Adviento (que inicia hoy, tres de diciembre, y se prolonga hasta el mismo domingo 24). Pero, también podemos ir creando nuestra propia “decoración interior”.

¿Cómo hacer para vivir bien la Navidad? Es una pregunta que se suele escuchar, y mucho tiene que ver nuestra preparación, la propia fiesta es como una meta, y nuestra preparación el camino a ella. Por ello, debemos darnos el tiempo para alistar nuestra Navidad, y no debe ser una tarea aislada ni fea, hay que compartirla con la familia, amigos, vecinos, compañeros de labores y anhelos. Es aquí donde también se puede sentir incluido aquel que no es precisamente religioso.

Porque si igual vas a empaquetar tu regalo, o recibir alguno, si vas a desearle una Feliz Navidad a un ser querido, qué nos impide ir un poco más allá y hacer de estas fechas una mejor forma de vivir. En los siguientes párrafos recomiendo cuatro iniciativas para experimentar la tan marqueteada “magia navideña” pero desde un ángulo solidario, familiar, amical, laboral, en fin desde nuestro entorno. No son las únicas fórmulas, pero ahí están, y sería excelente tener una interacción con los lectores y anotar otras ideas.

Primera idea, convertirnos en portador de buenas noticias, ser un poco como la “estrella de Belén” que anunciaba la “buena nueva” del Nacimiento de Cristo. ¿Cómo podemos lograr ello, habiendo tantas malas noticias? Pues, así como hay malas, hay buenas (que no son tan resaltadas por el periodismo). Hoy, el Internet nos ofrece un caudal de información, incluso en redes sociales ya existen portales de “buenas noticias del Perú y otros países del mundo”. ¿Cómo sería que en una conversación sobre la corrupción del caso Odebrecht (que nadie quita, es importante que se aborde) comentaras que la Fortaleza Peruana de Kuélap fue elegida como la mejor atracción del extranjero? Valdría la pena experimentarlo.

Aquí una segunda idea, “ofrecer tiempo de calidad a los demás”. Vivimos inmersos en la seudo cultura de los teléfonos inteligentes (y, doy fe, es difícil apartarse de ellos), pero por qué no nos ponemos por un instante en la perspectiva de aquel que nos está acompañando y no tiene el Smartphone en las manos. Hace muy poco, en Colombia, una amiga estaba junto a mí y otros compañeros de mesa, y todos menos ella estábamos imbuidos en nuestros aparatitos “inteligentes”, decidió ponerse a conversar con el camarero del bar. Ahí sí que levantamos la cabeza para molestarla por presuntamente ser coqueta, ella respondió es que por lo menos “él conversa”. Cuando estemos acompañados, tomémonos el tiempo de verles las caras a los demás, de darnos cuenta qué estado de ánimo tiene nuestro amigo, padre, madre, esposa, hijo o hermano, “no todo se expresa con un emoticón”.

Una idea más, la tercera, ¿Podemos cambiar el mundo? ¿Darles alegría a los niños de escasos o nulos recursos económicos? Difícilmente a todos, pero sí a unos cuantos. Y, organizándonos, pueden llegar a ser a muchos más. Tomemos la iniciativa, en vez de reunirnos a tomar unas cervezas o a celebrar el Santa Secreto, juntemos ese dinero en comprar juguetes (hay muchos sitios que los venden al por mayor), con un poco de papel de regalo y una gran sonrisa en los labios, regalemos magia a aquellos que por un instante van a emocionarse más que ninguno.

La Navidad es época de tradiciones, y la mayoría de las veces sólo revivimos las dejadas y legadas por nuestros padres, abuelos y sucesivos antepasados. Bueno, nadie nos impide crear nuevas. En mi familia siempre hemos sido abiertos a ellas, y con algún rezongo o discusión, seguimos unidos y queriéndonos a través de los años. Yo he visto en mi casa, y en otras, cuánto ayuda tener tradiciones y costumbres internas. Una familia es legado, y hoy, tras más de dos milenios continuamos viviendo la tradición que se fundó en un establo de Belén.

Ya lo sabe, estas cuatro ideas no son las únicas y, seguramente, tampoco las mejores. Aporten ustedes con más iniciativas.

Desde ya ensayemos esa tradicional frase: ¡Feliz Navidad!

Manuel Salazar

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