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El Perú en la TV: Ausencia de televisión pública, también en Netflix y el cable


La pantalla chica peruana, la televisión hecha en el Perú, es mala (salvo alguna excepción que se pierde entre tanta mediocridad). No es ningún secreto, y resulta uno de los conceptos donde la población nacional (generalmente polarizada) se ha puesto de acuerdo. En mi caso personal, sólo veo TV doméstica cuando sintonizó el fútbol o tengo que hacer un comentario al respecto, sino recurro a Netflix, ya ni siquiera al cable (que sí se mantiene como una opción más que interesante- destacando el grupo HBO).

Y, uno quiere excusar a nuestra televisión (al fin y al cabo, es nuestra), pero hay poquísimos y deficientes argumentos para hacerlo. Presupuesto para mejores contenidos existe, en realidad los programas periodísticos parcializados y con graves faltas éticas no carecen de inversión, tampoco las teleseries y miniseries que sólo buscan arrancar o risas fáciles o lágrimas aún más fáciles y los realitys que dan culto al físico a pesar del nulo intelecto. El problema es que se rigen por el rating, y antes de intentar entregar algo más profundo (que también sea entretenido) se opta por la pachotada.

¿Somos una televisión joven en comparación con la del resto de América Latina? Mentira, la televisión de países como México, Argentina, Chile, Colombia o Brasil (que hoy nos superan con claridad) nacen en los años 50, igual que la peruana (1958). Nuestra TV inició con grandes bríos y marcando pautas a nivel continental, teníamos grandes programas concursos, telenovelas de exportación, figuras que se volvieron internacionales (como Ricardo Blume, la recientemente fallecida Saby Kamalich, y más contemporáneamente Patricia Pereyra, Diego Bertie, Gianella Neyra, Stephanie Cayo o Christian Meier). Programas periodísticos buenos y referentes en otros países, la propia TV colombiana admite que se inspiró en la peruana, ahora la deberíamos tener de espejo.

En Netflix aparecen actores peruanos pero en series extranjeras

El primer gran error fue nunca tener televisión pública. Algunos piensan que la televisión estatal o gubernamental es igual a la pública, y no es así. La televisión pública no depende del gobierno de turno, puede recibir presupuesto del Estado pero mantiene una independencia gracias a la prolongación contractual del staff gerencial y televisivo en general, y se maneja (fundamentalmente) dando cabida a los grupos o colectivos que están interesados en hacer llegar un mensaje a la población. Al mantenerse independiente del Gobierno, no es ni vocera ni pantalla del mismo (para eso existe la televisión estatal), y a pesar que cuida sus contenidos y los blinda de excesos y faltas éticas, no se reduce a informar, también generan entretenimiento (series, películas, telenovelas, espacios periodísticos) de muy buena aceptación. La Televisión Nacional de Chile es uno de los medios más importantes del continente y es público, probablemente lo más cercano que tenemos a ejemplos europeos como la BBC o la RAI, y claro Televisión Española (TVE).

¿Habría cambiado nuestra televisión con esta figura de la TV pública? Seguro que sí. Incluso el gobierno lo reconoce al intentar mutar a la televisión estatal (hoy rebautizada como TV Perú) en una suerte de medio público. Lo malo es que el cambio no es total, todavía no se da la oportunidad de criticar públicamente al gobierno de turno, como sí logra hacer la pública. Además, es siempre una tentación tener este medio audiovisual para promocionar las obras gubernamentales. Igual, hay notables esfuerzos como el que lleva actualmente el liderazgo de Hugo Coya, que viene dando frutos institucionales más que interesantes.

Aquí se destaca el nivel de la televisión pública chilena

Nuestra producción nacional cada vez más mercantilista, y adaptada a esquemas como la lacrimógena telenovela o miniserie, la teleserie que mezcla risas y lágrimas (el ejemplo de Al Fondo Hay Sitio fue el más notorio), los realitys con ídolos juveniles de pies de barro o los hoy canibalescos espacios de prensa (reflejados de cuerpo entero en el caso de la voleibolista muerta Alessandra Chocano) es mediocre y hasta nociva. Por eso, el sistema de streaming Netflix (bastante popular en el Perú) tiene un pobrísimo menú de la TV peruana, en comparación con la argentina, mexicana, chilena, colombiana, uruguaya, brasilera y un largo etcétera. De nuestro país sólo aparecen películas como ¡Asu Maré!, Cementerio General o No estamos solos, efectismo y payasada, pero no calidad. Nos rescatan en algo documentales de buena calidad como Hija de la Laguna o Perú: Tesoro Escondido (que hace muy poco estuvo en los cines).

Cuando empecé a escribir columnas de opinión, hace ya varios años (mucho antes de este blog), hice una columna sobre ¿Por qué HBO no lanzaba una serie peruana como sí lo hace con México, Argentina, Chile o Colombia? Hoy, y entonces, la respuesta me queda clara: en el Perú no se trabaja en buenos contenidos. HBO, y ahora FOX y TNT (que se han sumado en esta expansión latinoamericana), no nos ven interesados en crear series como Epitafios, Prófugos, Mandrake o Narcos. Con las justas nos perciben como realizadores de documentales, y aunque algo es algo, deberíamos a aspirar a más.

Ahora, si me disculpan, voy a ver Netflix (desgraciadamente la oferta peruana ya la vi hace rato en ese sistema de streaming).

Manuel Salazar        Foto: Difusión/El Comercio

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Categorías:Periodismo, Política, Series de TVEtiquetas: , , , , , ,

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