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Atentado en Barcelona deja 13 muertos, el KKK asoma su fea cara en EEUU


Dolor, esa es la palabra adecuada para escribir sobre un atentado terrorista a un paseo turístico como La Rambla de Barcelona (la ciudad catalana contenida en territorio español), que deja trece muertes (confirmadas a estas horas del 17 agosto, fecha del ataque terrorista). Un escenario donde pacíficos transeúntes buscaban un momento de solaz es transformado en una vorágine de sangre por unos terroristas asesinos que no dudan en autoproclamarse como ejecutores de la carnicería humana, el execrable Estado Islámico del Yihad.

¿Qué derecho tienen estos violentos y desalmados terroristas de cobrarse vidas a mansalva? ¿Cómo pueden interpretar de manera tan errónea los mensajes del Corán, del propio Mahoma? Hablan de una guerra santa, pero acaso ¿algunas de sus víctimas están en combate con ellos? La sangre que recorre el mundo por estas matanzas que se repiten en Europa (Francia, Bélgica, Alemania, además de los Estados Unidos) no es derramada a causa del inmenso pueblo musulmán, sino de una facción fundamentalista y homicida.

Nos toca llorar por estas muertes, a las autoridades de Barcelona les toca buscar a los perpetradores, pero más aún: garantizar la seguridad de sus ciudadanos que deben estar experimentado un consecuente pánico en estas horas de sufrimiento y luto. Como periodista no puedo más que seguir preguntándome ¿Por qué se inflige tanto dolor? ¿Por qué no se puede seguir una filosofía de “vivir y dejar vivir“? ¿Qué nos hace a los seres humanos ser tan violentos, tan irreflexivos? ¿Cómo se llega a matar de manera tan sanguinaria?

La respuesta es muy difícil, pero desde otra parte del mundo, esta vez de los Estados Unidos nos llega una inclasificable razón, o tendría que decir más bien “sin razón”. Chris Barker, uno de los líderes del conocido y también despreciable Ku Klux Klan, responde atrocidades a una periodista afrocolombiana, a la que incluso amenaza de “quemar viva”. Un tema que tiene serios nexos con la irresponsable campaña electoral del ahora Presidente de los EEUU Donald Trump.

Se recuerda que, en tiempos de campaña, Donald Trump se mostró amable con sus votantes de ideas racistas e intolerantes, algo que desde esta tribuna me queda claro no era más que un ardid político por sumar votos. Trump no ha sido visto como discriminador en sus negocios hoteleros, ni en el espacio televisivo que conducía El Aprendiz. Pero, eso nos lleva a cuestionarnos ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir nuestras metas? La manipulación del vigente gobernante estadounidense se rige por la célebre frase de Maquiavelo: “El fin justifica los medios”.

La entrevista de la colega Ilia Calderón se motivaba en dos recientes casos de racismo, el asesinato a una mujer afroamericana por un autoproclamado supremacista blanco (James Fields) y las protestas violentas de estas asociaciones, incluidas el Ku Klux Klan, a raíz de la intención de retirar la estatua del General Lee, líder militar de los confederados durante la Guerra de Secesión en los Estados Unidos. Más allá de lo razonable o no de la petición contra el monumento a Lee (personalmente, este periodista de opinión considera irrelevante retirar la figura) es condenable y criminal que se mate a alguien por una simple petición o estatua.

Las palabras de Chris Barker reflejan la misma absurda intolerancia y sed de sangre que el Estado Islámico hace suyo en matanzas como la de Barcelona. “No importa. Ya matamos a seis millones de judíos la última vez, ¡11 millones (de indocumentados) no es nada!”, esta frase trasluce el valor que da a la vida ajena este acólito de la discriminación criminal. Con referencias explicitas al Holocausto de los judíos en la Alemania nazi.

El fundamentalismo del Ku Klux Klan se denota en esta enferma interpretación bíblica de Barker, que es la misma de los llamados “Leales caballeros blancos”: “Levítico 19:18 dice: ‘Ama a tu prójimo’, eso significa que ames a tu gente. Mi gente es blanca, tu gente es negra. Yo soy lo que soy. Tú eres lo que eres”, indica Chris Barker. Ya lo ven, la semilla del terror en el mundo germina en mentalidades desquiciadas o asesinas, las dejamos crecer, y luego explotan. Es cierto que hay que respetar las libertades de opinión y expresión, pero las condenas a actos racistas deben de ser durísimas, férreas y tajantes.

Termino estas líneas pidiendo una oración (sea del credo que sea) por las víctimas de Barcelona.

Manuel Salazar

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Categorías:Coyuntura, Derechos Humanos, ReligiónEtiquetas: , , ,

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