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Annabelle y El Conjuro sucedieron en realidad: Mito o verdad


Cuando el terror trasciende de la pantalla a la realidad, el impacto que tiene ese breve mensajito que dice “los hechos son basados en la vida real”, más aún si se muestran fotografías de los protagonistas reales. Todo ello lo explota con maestría el director James Wan (responsable de Rápidos y Furiosos 7, Saw y Aquaman), en la saga de filmes El Conjuro, que es el germen de Annabelle. Este jueves 17 de agosto se estrena en el Perú Annabelle 2: La creación.

Sí, es una historia verdadera y, hasta cierto punto, comprobable. Los protagonistas de El Conjuro, los esposos Edward Warren Mine y Lorraine Rita Moran eran dos investigadores de fenómenos sobrenaturales en épocas lejanas a los hoy mediáticos reality shows que buscan hacer lo mismo pero frente a cámaras de TV. Los Warren, que además fungían de exorcistas y expertos en demonología, han sacado a la luz numerosos casos (por lo que no es de extrañarse que la franquicia El Conjuro siga adelante por varios años).

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La Annabelle real en el Museo de los Warren

El más conocido es el de Amityville, acontecido en 1976, que es parte del imaginario de horror en territorio norteamericano. Una casa situada en el poblado neoyorquino de Amityville, para los que buscan exactitud en el número 112 de Ocean Avenue, fue el terrible escenario del asesinato de toda una familia (que incluía a los padres, un joven de 18 años y tres menores de edad) por el hermano mayor Ronald DeFeo, Jr. en 1974. Una vez condenado a cadena perpetua, la casa se vendió en la ridícula suma de 80 mil dólares (un inmueble de tres plantas con jardín) a los Lutz en 1976.

La familia Lutz describió distintas manifestaciones del más allá y del infierno, y pidieron el intermedio de exorcistas, entre ellos (aunque no los más protagónicos, la estrella recaería en el padre Pecoraro) estaban los Warren. Ya es conocido que los sucesos de Amityville han sido llevados al cine en más de una ocasión (desde 1979 se han filmado 10 adaptaciones entre secuelas, remakes y versiones más libres). Estos sanguinarios y tenebrosos relatos también suscitaron programas de televisión dónde entrevistaron a Lorraine Warren, y asimismo para desenmascarar lo que para muchos es un fraude, para otros muchos en cambio es tan cierto que da pavor.

Así, son basados en casos reales los sucesos de la familia Perron en Rhode Island, otra casa poseída, esta vez por el espíritu de una mujer acusada de brujería tras sacrificar con un cuchillo a su propio hijo. La presunta bruja respondía al nombre de Bathsheba Sheldon y aterrorizó a los Perron en 1971, hasta que los Warren tomaron cartas en el asunto (todo ello inspiró a El Conjuro de 2013). Otra posesión de un inmueble se registró en la lejana Inglaterra, en Enfield (al norte de Londres) esta vez con un poltergeist o como diría el recordado Chavo del 8 “un fantasma chocarrero”. La experiencia londinense nutrió la trama de El Conjuro 2 (2016).

¿Y la muñeca Annabelle, que este 17 de agosto estrena su segunda película en Perú y otros países de América Latina? También sería real, un par de amigas enfermeras reportaron en 1970 que su muñeca Raggedy Ann estaba posesa. Los Warren, autoridades en estos misterios, descubrieron que el juguete decorativo era un “conducto” para una niña muerta a los siete años llamada Annabelle Higgins. Según los Warren la muñeca buscaba ser una suerte de transmisor del espíritu de Annabelle a Donna, una de las enfermeras. Es importante recalcar que la muñeca de la vida real (guardada en el museo de los Warren) es mucho menos terrorífica que la de las películas. Se trata de un típica muñequita de trapo (tal como se ve en la foto de esta nota) y no la de madera y cara de miedo de las cintas.

Ed y Lorraine Warren, en la actualidad él murió en 2006 y ella lo sobrevive, iniciaron su carrera como expertos en lo sobrenatural luego de haber vivido experiencias inexplicables de niños. Al principio, Edward pintaba las casas que se consideraban poseídas con los espíritus y demonios que su percepción y la de su esposa le permitían “ver”. Luego ofrecían estas pinturas a los dueños de las casas que les solicitan sus servicios de exorcismo. Para muchos luchadores contra el ocultismo y las manifestaciones diabólicas, para otros astutos timadores. Usted decida, amigo lector, ¿creer o no creer? O simplemente ir a ver Annabelle 2: La creación.

Manuel Salazar

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