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Cine peruano para diferentes gustos: Magallanes, ¡Asu Mare! y otras


Yo conozco gente que con la sola mención del cine peruano hacen una cara de asco, pero ante la más simplona producción extranjera son capaces de comprar entradas con anticipación. Tampoco nos hacemos los santos en este blog, pues muchas veces olvidamos hacer análisis de películas nacionales. Por eso, en estas Fiestas Patrias te brindamos un menú para los diferentes gustos de los distintos espectadores. Hay de todo, como en bótica.

El cine dramático, que narra los años del terrorismo y los traumas posteriores es siempre tema recurrente de los realizadores peruanos. Vamos a mencionar tres que destacan: La boca del lobo (1988- Francisco Lombardi), Paloma de papel (2003- Fabrizio Aguilar) y Magallanes (2015- dirigida por el actual Ministro de Cultura Salvador del Solar). La primera tuvo el gran mérito de denunciar abusos militares en plena lucha contra la sedición (hasta el entonces Presidente Alan García Pérez la aprobó), la segunda trata el drama de los niños captados por los terroristas, y la última es sobre las cicatrices dejadas por la “guerra interna”.

El contrapeso del drama es la comedia, aquí no podemos omitir a ¡Asu Mare! (la primera, del 2013). Con una recreación de época de los años 80, Carlos Alcántara cuenta su vida en clave de comedia, y no vamos a evitar las risas. No se trata de humor fino, pero la mayoría de producciones gringas tampoco lo usan, por ahí las británicas sí (pero siendo sincero, amigo espectador, tú vas más por las risas que otra cosa). De ¡Asu Mare 2! (2015) sí paso.

NN: Sin identidad (2015- Héctor Gálvez) se nutre de dos vertientes: las consecuencias del terrorismo y el thriller hasta cierto punto sicológico. La búsqueda de las fosas comunes, una realidad que afecta a cientos de compatriotas es visto desde la perspectiva del médico forense (Paul Vega), ojo, para muchos se trata de lo más notable de la cinematografía nacional. El drama literario, tendríamos que resaltar La ciudad y los perros (1985- Francisco Lombardi), una de las obras cumbres de Mario Vargas Llosa es transportada con éxito a la pantalla grande.

Uno de los géneros más populares entre los consumidores del sétimo arte es el terror. Desafortunadamente, no hemos logrado el gran filme de miedo en la cinematografía peruana. Tenemos El vientre (2014- Daniel Rodríguez Risco) que promete más de lo que logra ofrecer, a pesar de la buena actuación de Vanessa Saba, la historia se queda trunca. Un terror más informal lo vemos en Cementerio general 1 y 2 (2013 y 2015, de Dorian Fernández-Moris) que guardan similitudes con la gran parte de la oferta foránea.

El romanticismo se queda con la reciente La última tarde (2016- Joel Calero), el ocaso de un amor protagonizado por Lucho Cáceres (convertido en un actor más serio) y Katerina D’Onofrio. De este rubro, también podemos disfrutar de Un día sin sexo (2005- Frank Pérez-Garland y Paul Miller), un elenco con una constelación de estrellas peruanas y una banda sonora soberbia liderada por Mar de Copas. El drama y la calentura adolescente se fusionan en Mañana te cuento (2005- Eduardo Mendoza), fue un gran suceso en su momento.

Los niños tienen sus opciones, desde la tierna niña de Margarita (2016- Bruno Santamaria Razo), hasta la indigenista Gregorio (1984- Grupo Chaski, todo un clásico cinemero de los ochenta). Eso, sin dejar de mencionar las películas de animación digital donde el peruano Eduardo Schuldt merece una mención particular, inició con Piratas del Callao (2005), evolucionó notablemente en El delfín: La historia de un soñador (2009) y, este año, es parte del tándem que presenta Condorito en Chile y América Latina.

Nuestra única representante en los premios Oscar, La teta asustada (2009- Claudia Llosa), catapultó a la fama a Magaly Solier. Para muchos es una cinta difícil de digerir, responde más al mercado europeo que al estadounidense. Es onírica, sensorial, abstracta, pero muy buena. Hoy, que está tan de moda Netflix, basta que veas cintas francesas o alemanas para entender porque es tan reputado este filme nacional.

El espacio se vuelve tirano, pero no podemos dejar de mencionar a El evangelio de la carne (2013), Tinta roja (2000), Locos de amor (2015), Perro guardián (2014), Guerrero (2016), Contracorriente (2009, la mejor película gay peruana) o Maruja en el infierno (1983). Tenemos cine, nos falta optimizarlo, pero ahí está. A lo peruano hay que amarlo, y debemos mostrárselo a nuestros hijos, la identidad no se transmite sin el ejemplo. Buena parte de la filmografía nacional la venden en discos originales a precios módicos. Mira una o varias películas nacionales en estas Fiestas Patrias.

Manuel Salazar

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