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Película de McDonald’s: Ética empresarial en el mundo de las hamburguesas


Cuando comemos una rica hamburguesa, o una pizza, o quizás un sabroso pollo a la brasa pocas veces reparamos en la “historia” que tienen detrás. Este año vimos en el cine y ahora añadida al servicio de streaming Netflix la película Hambre de poder (The Founder en inglés), sobre los primeros años del imperio de comida rápida McDonald’s. Un relato que trasciende a debates sobre ética y desarrollo empresarial.

A gusto de este columnista de opinión, lo más efectivo de Hambre de poder es la distancia que asume el cineasta John Lee Hancock sobre las dos partes en contienda en la multinacional McDonald’s. Por un lado, los fundadores Mac y Dick McDonald que habían consolidado su sueño de crear un restaurante pionero en la idea del fast food (comida rápida). Por el otro, Ray Kroc que busca llevar la idea a niveles impensados de consumo.

Ray Kroc (brillantemente interpretado por Michael Keaton, el antagonista de Spider-Man: Homecoming) era un vendedor experto que se topa con un local de hamburguesas con un sistema impresionante e innovador. En los años 50, tiempos de la postguerra, los norteamericanos buscaban una opción económica para consumir uno de los alimentos favoritos de los Estados Unidos: las hamburguesas.

Para abaratar costos, los hermanos Mac y Dick McDonald habían elaborado una “cadena de montaje” para cocinar las consabidas hamburguesas. De esta manera se eliminaban factores como los camareros, e incluso muchas veces las mesas y comedores (pues se trataban básicamente de autoservicios). Esta dinámica gastronómica sería el germen de lo que conocemos como la hoy omnipresente industria del “fast food”.

¿Cómo llegó la idea de los pueblerinos hermanos McDonald a hacerse tendencia mundial? Pues ahí es donde entra a jugar Ray Kroc con la visión y ambición de hacer una franquicia del McDonald’s. Y, en ese punto, también se empezarán a originar los problemas entre Mac, Dick y Kroc. Al expandirse, se hicieron concesiones con las que los escrupulosos fundadores no estaban de acuerdo.

Se abre un debate empresarial que es común en el mundo neoliberal actual. Cantidad por calidad, ser exclusivos contra ser múltiplemente consumidos. Dos perspectivas completamente opuestas que en el mundo de los negocios muchas veces son obligadas a convivir, a pesar de lo aberrante que pueda ser su unión. Es ese aspecto, genialmente enfocado en The Founder, el que redondea el atractivo del filme.

El espectador seguramente va a tender por alguna de las dos posiciones. La de los hermanos McDonald y su genuino interés por manejar un negocio donde prime el puntilloso bienestar del cliente. Y la de Ray Kroc y su empuje por llevar este negocio a la mayor cantidad de personas, que además puedan comer sin que signifique un desembolso mayor para sus bolsillos.

Para la anécdota quedan los malos manejos y traiciones, Hambre de poder ofrece no sólo una historia entretenida, sino la oportunidad de comenzar un debate sobre políticas empresariales y ética que percibimos en el día a día de nuestras vidas. Un déficit del cine actual, es que ya pocas veces nos deja algo para reflexionar, el público se ha malacostumbrado a ver cintas ya “digeridas” para meramente entretenerse y no sacar conclusiones realmente útiles. Este filme es una rara excepción.

Ya lo sabe, y lo sabrá aún mejor después de haber visto Hambre de poder (The Founder), hasta lo que comemos tiene una historia que contar, y, muchas veces, un debate por delante.

Manuel Salazar

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Categorías:Gastronomía, PelículasEtiquetas: , , , , ,

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