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Raúl Tola y La noche sin ventanas: Su libro sobre el Perú y el nazismo (Comentario)


El historiador alemán Nikolaus Wachsmann, autor de la extraordinaria obra KL: Historia de los Campos de Concentración Nazis (que se puede encontrar en librerías peruanas como Communitas), escribía en la introducción de la citada investigación: “mientras que todos los estudios académicos publicados antes de finales de la década de 1970 caben de sobra en un solo estante, (ahora) hace falta una librería pequeña para reunir las obras publicadas”. Esta frase se puede aplicar a toda la literatura sobre el nazismo y el Holocausto (una vertiente literaria que ya se considera como un género, y del que este periodista es profuso consumidor).

Por ello, era de esperarse que el lanzamiento de la novela de un periodista peruano sobre los años del nazismo y su relación con el Perú no pasara inadvertido en este blog (que en su variada oferta, también tiene una sección de literatura que no siempre es alimentada debidamente). La noche sin ventanas, es la sexta obra de Raúl Tola. Al comunicador social lo conocemos por su rol de correcto conductor en espacios periodísticos como Cuarto Poder, o de entrevistador a personajes de la cultura local en Casa Tomada. Hoy, veremos otra faceta de él.

Raúl Tola Pedraglio ya ha vivido la experiencia de ver un libro suyo llegar al cine, se trata de Noche de cuervos (1998) que sirvió de base a la incomprendida cinta de Aldo Salvini, Bala perdida (2001). Pero este novelista de 41 años de edad ha evolucionado notablemente, con títulos entre los que destaca mayormente Flores amarillas (2003) y ahora La noche sin ventanas (Alfaguara – 2017). La historia de dos peruanos atrapados en la vorágine bélica y genocida del nazismo de Adolf Hitler, se plasma en poco más de 400 páginas de un libro que se deja leer con facilidad y del que uno sale sabiendo más sobre una etapa de la historia moderna esperemos “irrepetible”.

Tola enmarca bien a sus dos protagonistas, tan reales como peruanos. Madeleine (Magdalena Truel, limeña que fue confinada en uno de los campos de la muerte del NacionalsocialismoSachsenhausen) es fruto de la investigación literaria de otro peruano, Hugo Coya, que recogió en su best seller Estación final (Aguilar – 2010) los casos de varios peruanos muertos por el régimen nazi. El otro pilar de La noche sin ventanas es Francisco García Calderón, embajador del Perú en la Francia ocupada, e intelectual de tendencia fascista que publicó sus propios libros explicando al Perú de los primeros años del Siglo XX.

En base a la situación de estos dos peruanos recluidos, una en la realidad salvaje e inhumana de Sachsenhausen (un campo a pocos kilómetros de Berlín), y otro en un hotel de Bad Godesberg (Bonn), con circunstancias y penurias muy distintas, se van contando los antecedentes limeños y familiares de ambos compatriotas. Se hacen relatos dentro del relato, vemos la Lima donde Truel y García Calderón crecieron, sus afanes profesionales, políticos y la primera coincidencia al emigrar ambos a París.

Las dos historias de La noche sin ventanas son interesantes y distintas, en realidad hasta opuestas. Madeleine es de tendencia socialista (lo que la lleva a ser parte de la heroica resistencia francesa) y Francisco es de ultra derecha (que ve con simpatías no sólo a Hitler, sino también a Mussolini). Si los colocamos en la realidad peruana de esa época, algo que Raúl Tola realiza en su novela, pinta la división ideológica de nuestro país y del mundo. Pretender, como muchas veces se ha intentado, que el Perú y el gobierno de Oscar R. Benavides se resistía a Adolf Hitler es una mera ilusión. Durante la dictadura hitleriana el país tuvo excelentes relaciones con Alemania (tal y como hicieron otras naciones de América Latina – notoriamente Argentina), y con Manuel Prado Ugarteche se prolongó la negación de visas a los judíos que escapaban del Holocausto, incluso a medio centenar de niños huérfanos (entre cuatro y diez años) a los que no dejaron desembarcar en el Callao, y terminaron muriendo en las cámaras de gas en Auschwitz.

Todo ello cuenta de manera armónica y novelada La noche sin ventanas de Raúl Tola. Nos interna en los protagonistas, terminamos sintiendo las inclemencias de Madeleine en Sachsenhausen, la locura de Francisco en el Hotel Dressen de Bonn. Ello hace imprescindible y nutritiva la experiencia de leer esta novela histórica. De lo poco que no me llega a satisfacer está el tono a lección de historia que se impone en algunos fragmentos y el uso de apodos para personajes como Hitler o “El Dictador del Bigotito Ridículo” o Mussolini y su mote de “Caudillo de los Ojos de Loco”. Fuera de esos detalles nimios, recomiendo entusiastamente la lectura de La noche sin ventanas.

Texto: Manuel Salazar / Foto: La República / Video: Carlos Narciso

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Categorías:Holocausto, Libros, PeriodismoEtiquetas: ,

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