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The National Enquirer: La increíble historia del tabloide más sensacionalista


Lo primero que se puede decir del diario estadounidense The National Enquirer (el Investigador Nacional) es que es como la “biblia del sensacionalismo”. Todo lo que hoy encontramos, por ejemplo, en un periódico peruano como Trome (quizás el mayor ejemplo sensacionalista del Perú, así como el más vendido a nivel nacional), fue instaurado por The National Enquirer y su “visionario” dueño Generoso Pope Jr. (¡sí, así se llamaba!).

Generoso Pope Jr. (1927-1988) era hijo de un empresario e inmigrante italoamericano que hizo gran fortuna en la Nueva York de inicios del Siglo XX. La historia de su padre Generoso Pope fue comparada a la del cinematográfico Vito Corleone (el rol de Marlon Brando en El Padrino), aunque no era un mafioso propiamente dicho. Eso sí, su cercanía al capo Frank Costello era notoria, quien además fue “padrino” de su hijo Gene, futuro hombre fuerte de The National Enquirer.

El “papá” Generoso Pope también tuvo su propio periódico, dirigido a los italoamericanos, Il Progresso Italo-Americano. Y, aunque tenía dos hijos mayores, supo ver reflejado su talento en el menor de su prole: que justamente llevaba su nombre Generoso Pope Jr. Le dejó como herencia la dirección de Il Progresso y aunque inició auspiciosamente, luego cometió algunos errores debidos a su ímpetu juvenil y fue retirado del cargo por el resto de su familia.

Pero, Pope Jr. seguiría en el negocio de los medios, compraría un periódico escandaloso y maltrecho como The New York Enquirer (con fondos provistos por su padrino mafioso Frank Costello) y de una inversión de 75 mil dólares en 1952, convertiría ese periodicucho en un monstruo editorial que se vendería en 412 millones de dólares para 1989. ¿Cómo se llegó a esa bonanza? Pues gracias al incansable trabajo de Pope y su notoria falta de escrúpulos al momento de publicar.

The New York Enquirer era un medio que explotaba a mujeres ligeras de ropas, pero Generoso Pope Jr. quería mucho más, tras su fiasco con Il Progresso, necesitaba ser realmente exitoso. Cambió el formato a tabloide, y vio en las “notas rojas” (el más crudo periodismo policial) la veta que necesitaba explotar. Miembros cercenados, cuerpos partidos en dos, decapitaciones eran portadas del rebautizado The National Enquirer (que adquirió tiraje nacional, ya no sólo en Nueva York). Quizás el titular más característico fue esta terrible noticia “¡Madre hirvió a su bebé y se lo comió!” de 1962.

Sin embargo, Pope estaba dispuesto a hacer cambios con tal de ser el más vendido, en una época de crisis en ventas de periódicos (en los 60, donde disminuyeron los puntos de venta tradicionales como los quioscos), decidió llegar a los emporios donde el ciudadano común iba a diario, los supermercados. Para poder ser expendidos en la zona de las cajas registradoras (tal y como ahora se hace en diversos países del mundo, incluido el Perú) debió cambiar sus titulares sádicos por otros más convenientes. Escogió el mundo de la farándula.

La prensa de espectáculos fue llevada a niveles extremos, tal y como había hecho con el periodismo policial, lograba constantes y deseadas exclusivas. Fotografió a Elvis Presley en su féretro (algo que se intentó evitar a toda costa), dio la mayor cobertura y hasta soltó datos para el juicio del jugador de fútbol americano OJ Simpson. Innovó al empezar a cubrir las historias de los actores televisivos y no sólo los del cine. Con todo ello, los ejemplares de The National Enquirer se hicieron apropiados para la clientela de los supermercados.

Pero, Pope Jr. también era un negociante de polendas, para vender sus diarios en los supermercados corrió con los gastos de colocar espacios de distribución, donde terminó dando cabida a publicaciones de primer nivel periodístico como el Times, el Post, etc. Eso sí, The National Enquirer ocupaba el puesto central y alquilaba a los otros medios los laterales. Salió ganando aún más y facturando millones de dólares diarios.

También explotó el fervor por los extraterrestres y los seres monstruosos (tipo Pie Grande). Es decir, en el “mundo de las noticias no realmente importantes” The National Enquirer era el soberano absoluto. Lo que Generoso Pope Jr. tenía muy en claro era que sin él, su negocio haría agua. Por ello, a su muerte en 1988, se vendió en más de 400 millones de dólares el Enquirer. En los últimos años, quizás lo más fuerte relacionado a este medio fue el ataque con ántrax de 2001, causando la muerte de un periodista y la destrucción de todos los archivos del periódico por temor a una infección.

¿Qué se puede decir de la historia de The National Enquirer? Primero, que el sensacionalismo como estilo periodístico le debe (para bien o mayormente para mal) todo a este periódico. Segundo, es innegable que todo director de medios periodísticos debería tener, aunque sea una cuota del “olfato” de un hombre como Pope para reinventar y seguir convirtiendo en viable un periodismo que ahora es electrónico, virtual, mucho más inescrupuloso y compite con las redes sociales. En síntesis, el Enquirer puede haber dejado una enseñanza “no hay nada nuevo bajo el sol, sólo hay que saber mostrarlo”.

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