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Scandal (Sexta Temporada): ¿Cómo se convirtió la serie en una telenovela?


Esta sexta temporada de Scandal me remite de inmediato a una escena de la nueva serie de Netflix, Dear White People (sobre las minorías étnicas en una universidad norteamericana con mayoría de estudiantado caucásico). En ella se veían escenas de una parodia de Scandal, donde se reían de Olivia Pope (protagonista del drama legal, interpretada por Kerry Washington) y su romance con el Presidente Fitzgerald Grant (Tony Goldwyn).

Básicamente, debido al tono exagerado de esta sexta entrega. Al parecer Scandal ha cansado a su prolífica productora Shonda Rhimes (responsable de otros títulos como Grey’s Anatomy y How to Get Away with Murder), además de trascender que la sétima temporada sería la última (es decir se planea un año más), los episodios de este último ciclo parecen cerrar varios subargumentos.

La quinta temporada nos dejaba la disyuntiva de una contienda electoral por la Presidencia de los Estados Unidos que se empezó a resolver de manera veloz en los primeros episodios de este supuesto penúltimo año. Algo similar trazaron los productores de House of Cards, y los resultados tampoco fueron los más halagüeños. Scandal presenta un debut explosivo en el primer episodio de este ciclo, y luego ralentiza el ritmo con una serie de azarosos flashbacks.

Claro, hay momentos cautivantes de la temporada, como las desapariciones y muertes de algunos personajes (no adelantamos nombres, pues es política de este blog evitar los spoilers), pero hasta estos sucesos terminan siendo similares con lo visto en los anteriores años de la serie. Y, como un grillete, todo siempre recae en la “estirada” relación romántica de la abogada con el presidente.

Nuevamente se le imprime fuerza a las interpretaciones de la ahora presidenciable ex Primera Dama Mellie Grant (Bellamy Young) y del ex Jefe de Gabinete del presidente Grant, Cyrus Beene (Jeff Perry). Mientras que otros personajes acusan un pronunciado desgaste como el otrora interés sentimental de Olivia Pope, Jake Ballard (Scott Foley) o el malvado progenitor de la protagonista Rowan Pope (Joe Morton), quien satura con su excesiva gesticulación.

Pero, lo inconcebible es el papel de los ridículos e irreales villanos de la sexta temporada (Zoe Perry y David Warshofsky), son tan truculentos y capaces de poner en jaque al país más poderoso del mundo, que más parecen súper villanos de algún cómic. Como espectador de todos estos años de Scandal, no termino de digerir la razón de la aparición de tan irrisorios antagonistas.

En contrapeso, la siempre apropiada performance del “gladiador predilecto de Olivia Pope”, Huck (Guillermo Díaz), y de la pelirroja Abby Whelan (Darby Stanchfield), a quienes se les debería reconocer el carácter para aguantar a tan intolerantes “jefes”. De lejos este año Olivia es inaguantable: gritona, abusiva, manipuladora y caprichosa (siempre lo ha sido, pero en la sexta temporada se desata).

Los fans de los “episodios especiales” y las realidades alternas (esos capítulos de las series “gringas” donde te muestran lo que hubiera podido pasar si los protagonistas hubieran tomado decisiones distintas), podrán disfrutar del centenario de Scandal (titulado precisamente The Decision). Igual, todavía se pueden encontrar motivos para ver la sexta temporada de Scandal, como en una noche de insomnio, ideal para coger el sueño.

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