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¿Los sacerdotes deben seguir trabajando con niños y adolescentes?


Al escribir estas líneas no puedo evitar pensar en tantos buenos sacerdotes y religiosas que he conocido y conozco en mi vida (he tenido la suerte de trabajar muchos años ligado a la pastoral católica). Me gustaría trazar una línea divisoria y decir de “estos miembros del clero” no hablo, pero eso es algo prácticamente imposible al formular una regla general. En esta columna buscamos responder a la pregunta: ¿Los sacerdotes, obispos e incluso religiosas deben seguir trabajando directamente con niños y adolescentes?

Me sorprendería que un padre de familia responsable y medianamente informado acceda a que sus hijos sean acólitos y estén a solas con un sacerdote en la sacristía. Hoy en día y a la luz de todas las denuncias sobre pedofilia que atañen a miembros de la Iglesia, esta parece ser una conducta riesgosa de parte de las familias, pues ya sería casi una negligencia repetir la frase “yo no sabía” o “nunca me lo imaginé”.

Quería hacer una aclaración que responde a la extraña defensa de una publicación web católica sobre los sacerdotes pedófilos (se puede leer en este link). Uno de los trasnochados argumentos que se leen en esta nota basa su respuesta en que la Iglesia tiene pocas denuncias de pedofilia (más bien efebofilia – atracción sexual hacia adolescentes de 13 a 18 años). En realidad también se debe añadir a la hebefilia (atracción entre 11 y 13 años- época de la Primera Comunión) y claro a la pedofilia (a niños menores de 13 años). Parece muy importante para este texto sesgado, homofóbico y machista hacer esta diferenciación.  No obstante, sólo presentan cifras de libros afines al catolicismo y generalidades (que han sido descartadas por fraudulentas) como que “la pedofilia es mayoritariamente un mal homosexual”- totalmente falso y se demuestra con la gran cantidad de denuncias sobre violaciones y tocamientos de niñas por parte de sus propios padres y parientes.

Veamos, en contraparte, otras publicaciones refrendadas por medios de comunicación con mayor reputación y un punto de vista menos sesgado. Sólo en Australia se han denunciado 4500 casos de pedofilia cometidos por sacerdotes (texto de la prestigiosa cadena EFE) entre 1980 y 2015. Un medio importante como la Cadena Ser publica este mapa que incluye sólo casos de pedofilia demostrados judicialmente (es del 2014, y es importante subrayar que la Iglesia se ha encargado de poner obstáculos legales e ilegales a muchas investigaciones). Léalo en este link.

Al googlear tres palabras “Iglesia, pedofilia y Perú” me topo con que las primeras publicaciones en aparecer son, a todas luces, insuficientes (comparadas con las de otros países) y no guardan relación con la mayoría de casos y denuncias que varias veces hemos visto en espacios periodísticos televisivos (no puedo hablar de autocensura, pero levanta sospechas). Incluso aparece una columna de opinión que publiqué hace un par de años en el Diario Digital Crónica Viva, y me extraña pues sin restarme méritos no soy un periodista ni con pantalla televisiva ni que trabaja en algún medio conocido (ojo, tampoco me interesa hacerlo, soy feliz siendo independiente).

Esta mencionada columna del año 2016 me causó una entrevista con el encargado de comunicaciones del Opus Dei, Carlos Enríquez Beck. Dicho colega pidió al director de la web que retiraran la columna, a lo que mi empleador se negó tajantemente. Luego con la figura de una “conversación amistosa” intentó aclararme dos aspectos: que el Cardenal Cipriani no era ya miembro del Opus Dei (algo que nunca he afirmado, pues a pesar de ser su congregación de origen, un obispo pierde su “membrecía” y pasa a ser diocesano, algo que no rompe con los vínculos sentimentales ni le impide regresar a la misma tras su jubilación). Sin embargo, defendió el caso del obispo de Ayacucho Gabino Miranda (que en todo caso también ya no forma parte del Opus Dei, por lo que había un doble mensaje). Yo feliz con la atención que tuvo mi columna, pero parece que pisó algunos callos, lo que me gustó más (uno no está para pasar desapercibido).

Lo que sí encontré es un texto de un sacerdote peruano que firma P. Carlos F. Hernández-Sánchez y bajo una “envoltura” de meas culpas (en el contexto del estreno de la película ganadora del Oscar SpotlightEn Primera Plana), termina cayendo en excusas comunes como son las cifras comparativas de denuncias comprobadas y cantidad demográfica de sacerdotes (que son un débil reflejo de la realidad, pues la mayoría no llega ni a los tribunales por la ausencia de pruebas, la Iglesia no colabora al respecto) y hasta esgrime un ataque a la comunidad judía por controlar los medios estadounidenses (el colmo).

Veamos, la jerarquía de la Iglesia Católica ha intentado e intenta tapar el sol con dedo. Tiene varias fórmulas para hacerlo. La más común, lo niega, lo esconde, le muestra una “cara furiosa” a las víctimas o las llena de burocracias.  Para ese fin, la Iglesia cuenta con abogados y presupuestos (que en una línea moral y ética deberían ser puestos al servicio de los inocentes menores que fueron abusados y no de los posibles perpetradores). Con el fin de rehabilitar sacerdotes pedófilos (y no exponerlos a las penas legales que pesan para cualquier ciudadano- un sacerdote o religiosa es también parte de la ciudadanía y debería ser tratada por igual), se fundan casas de reclusión (como expone este otro texto de EFE) y lo vemos en el filme chileno El Club.

Otra treta es “pagar a las víctimas” una figura que no es ilegal, y muy usada en casos de los Estados Unidos, pero evidentemente camufla estos indignantes abusos a niños y adolescentes. Es por esa conducta que uno se pone iracundo frente a la Iglesia Católica, pues se hace evidente la búsqueda de otras vías que eviten la pena pública y cárcel para sus sacerdotes pedófilos. Mucho ojo a esta noticia del 2017, donde se pone en tela juicio la actitud del propio Papa Francisco ante los sospechosos de abusos a menores.

Finalmente, volvemos a la pregunta que da título a esta columna ¿Los sacerdotes debe seguir trabajando con niños y adolescentes? Me parece que hay serios argumentos y denuncias para que se elimine la figura de los acólitos o monaguillos (un acólito sin mayor preparación), y esa labor recaiga en seminaristas mayores de edad. La catequesis de Primera Comunión y Confirmación debe ser realizada por laicos, y el sacerdote limitarse a impartir el ministerio. La guía espiritual con menores de edad debe o limitarse  a realizarse delante de los padres de familia, o con la presencia de religiosas y a puertas abiertas (en casos muy especiales en que los progenitores no puedan estar presentes). En varias parroquias he visto que los acólitos van “desapareciendo” de los servicios religiosos, pero aún se trata de iniciativas privadas y no institucionales. En todo caso, ahí queda la pregunta a opinión de cada lector.

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Categorías:Derechos Humanos, ReligiónEtiquetas: , ,

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