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A Mario Vargas Llosa se le aplaude más de la cuenta en Perú


A los que están esperando otra recatafila de sobones comentarios, halagos disforzados y saluditos de cumpleaños que una parte de la prensa peruana le ha dedicado a Mario Vargas Llosa en su última visita al Perú, en esta columna no los encontrarán. Al Premio Nobel no lo siento tan peruano como español (otra de sus nacionalidades), y estoy seguro que en sus adentros él siente lo mismo, un “hijo de su madre patria y no de este Perú que le sirve de inspiración literaria”.

Eso somos para Mario Vargas Llosa, una fuente inagotable de personajes corruptos, violencias subversivas, ignorancias electorales y putañeras de ocasión. De ahí salieron esas primeras novelas, muy bien escritas (no puedo negar que algunos de sus libros los considero hasta de cabecera), como Conversaciones en la Catedral, La Casa Verde, La Ciudad y los Perros o La Tía Julia y el Escribidor.

Olvidaba añadir entre las características que Vargas Llosa adora describir del Perú, la hipocresía limeña. Bueno, Don Mario (a los de edad respetable hay que tratarlos con respeto), esa misma hipocresía es la que muchos limeños y demás peruanos te van rindiendo. Habrá una porción que realmente te quiere, pero conozco a varios que se mueven en círculos cercanos al tuyo que sólo te buscan para la foto.

Pero, seguro en tu España el amor es más sincero. Por ese motivo te has traído a tu nuevo amor de excursión por Las Indias de Colón (o Perú, como le llamamos todos los que amamos a este gran país), Isabel Preysler (la ex mujer del cantante ibérico Julio Iglesias) le ha subido los bonos de popularidad al novelista, y se mide en las decenas de portadas de la revista Hola. A pesar de ser filipina, es el lazo más fuerte que une a Vargas Llosa a España.

Lejos queda ese discurso de diciembre del 2010, en Estocolmo, cuando recibió el Nobel de Literatura. Las palabras dirigidas a su entonces esposa, la peruana Patricia Llosa (que también es prima del escritor): “El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable, con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir”.

Asumimos, varios peruanos que gozamos de vivir en el Perú, que siendo presumiblemente ciertas sus palabras hacia Patricia, al divorciarse de ella se divorciaba del Perú. Al cambiarla por Isabel Preysler nos cambiaba por España, y fiesta para todos. Pero parece que aún le servimos para el turismo, y los hipócritas baños de popularidad. Seguro, ya están fraguando la próxima portada de Hola.

No soy fujimorista, ahora nos acusan de ello a todos los que no nos subimos al show de Mario Vargas Llosa, seguro para justificar la angurria de algún coleguita que saltó en un píe al recibir la invitación al cumpleaños de MVLL. Es más, me es indiferente, por lo menos no me cae tan mal como el Cardenal Cipriani, Keiko Fujimori o Phillip Butters. Lo que me cae mal son los “mensajitos de amor” que le mandan varios comunicadores a su Mario.

Y, por supuesto, la señora Isabel Preysler no me cae nada mal. Es una dama distinguida y atractiva. Me queda claro que ambas partes disfrutan de esta unión otoñal, Isabel sale con el más culto de sus pretendientes (no se le puede quitar eso al Nobel) y Vargas Llosa se dio el gusto de trascender de las páginas literarias a la prensa del corazón española. Bien por ambos, tan queridos en su querida España (un país que espero conocer próximamente, y también aprecio).

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Categorías:Coyuntura, LibrosEtiquetas: ,

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