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Kennedy era el objetivo: los sospechosos y las pruebas ocultas


El 22 de noviembre de 1963, en visita oficial a Dallas, el Presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy fue asesinado. Nadie duda de un hecho tan tajante, hoy tampoco lo hacen de la falsedad de la posición “oficial” de los EEUU que Lee Harvey Oswald fuera el único asesino de Kennedy. Lo primero que se debe dejar en claro es la total validez de la teoría de una conspiración forjada por poderes gubernamentales de los EEUU, como la Agencia Central de Inteligencia o CIA y el Buró Federal de Investigaciones o FBI.

Claro que es doloroso para los ciudadanos estadounidenses la idea que dos organismos supuestamente consagrados a la defensa de los Estados Unidos puedan ser los responsables de lo que sólo se puede considerar como “un golpe de estado”. Jim Garrison, Fiscal de Distrito de Nueva Orleans (el único que llevó a juicio a uno de los presuntos asesinos intelectuales de John F. Kennedy) dio un ejemplo en un espacio televisivo donde lo entrevistaron: ¿Qué hubiera pasado si en la Unión Soviética (Rusia) hubieran matado a un Primer Ministro con las mismas circunstancias del crimen de Kennedy? ¿Acaso en el “Mundo Libre” hubiéramos dudado que se trataba de “golpe de estado solapado”?. Una lógica irrebatible la de Garrison.

La CIA y el FBI tenían actores principales en los años 60, por el lado de la Agencia Central de Inteligencia Allen Welsh Dulles (1893-1969), primer director de la CIA que ejerció dicho cargo durante ocho años, incluso estuvo involucrado en operaciones de espionaje en más de dos décadas. Dulles fue obligado a renunciar a la CIA tras el fiasco de Bahía de Cochinos (una fallida invasión a Cuba en 1961). Pero su poder e influencia siguió a tal grado que fue parte de la Comisión Warren (que se supone investigaba el magnicidio de Kennedy), a pesar de ser un abierto adversario del victimado Presidente. Hoy se le sindica como el principal sospechoso de la planificación del crimen.

John Edgar Hoover (1895- 1972) fue el “hombre fuerte del FBI”, fundador del Buró Federal de Investigaciones y director del mismo durante 37 años, hasta su muerte. Es considerado como uno de los personajes más controversiales de los EEUU del Siglo XX. Opositor de los Kennedy, se presume que odiaba más a Robert Kennedy (su juvenil superior, como Fiscal General de los Estados Unidos) que al propio John Kennedy. El papel que habría cumplido Hoover en el magnicidio fue el de eliminar testigos y pruebas que indicaban un complot con varios tiradores y no la fantasiosa idea de un asesino como Lee Harvey Oswald.

La mafia italoamericana, en los nombres de Sam Giancana, John Roselli, Santo Trafficante Jr. y el controvertido líder sindicalista Jimmy Hoffa. Se les involucra como respuesta a los juicios contra sus organizaciones criminales, pero hay un forado en esta teoría: el verdadero fiscalizador de estos crímenes era Robert Kennedy y no John Kennedy (hubiera sido más sencillo asesinar al Fiscal General que al Presidente). Lo que sí se acepta es la indignación de estos “capos” tras pactos privados por parte del patriarca de los Kennedy para garantizar el triunfo electoral de su hijo. Al parecer JFK no era consciente de los tejes y manejes de su padre con la mafia. El papel de los mafiosos se centraría en la elección de Jack Ruby (un dueño de cabaret de Dallas) para asesinar a Oswald.

La CIA, el FBI y la mafia (además de empresarios interesados en hacerle la guerra a Vietnam e invadir Cuba) conformaban un fuerte coctel asesino, capaz de ejecutar a un Presidente. Sin embargo, la conspiración no deja de parecer chapucera. Indudablemente se tomó muy cuenta la inocencia del pueblo norteamericano, que en aquellos años era capaz de creerse cualquier ardid (nunca quisieron ver más allá de los homicidios de John y Robert Kennedy / 1968, y de Martin Luther King / también en 1968).

Para cubrir los “huecos” dejados por la chapucería, la justicia estadounidense y la Comisión Warren (durante el gobierno de Lyndon B. Johnson). Optaron por esconder pruebas vitales. La película de Abraham Zapruder, testimonio visual que revelaba las inconsistencias notorias en la teoría sobre la culpabilidad de Lee Harvey Oswald, fue ocultada durante cinco años. La autopsia presidencial fue realizada con la presencia impuesta de los altos mandos militares, a pesar de ello los resultados recién serán del dominio público en este mes de noviembre (fecha que se adelantó varios años tras el estreno de la cinta JFK que denunciaba que recién en 2039 se conocerían los “secretos de estado” sobre el asesinato de Kennedy).

Finalmente, los testigos (que sostenían la intervención de más de un francotirador) que habrían sido asesinados para silenciarlos. Se habla de más de una treintena de víctimas, lo que también suena exagerado. Pero algunos de estos casos sí tienen asidero, y “desaparecerlos” es la política seguida por las agencias gubernamentales ya mencionadas en diversos complots. El próximo domingo continuaremos con esta serie de columnas sobre los Kennedy.

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Categorías:Derechos Humanos, KennedyEtiquetas: ,

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