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Papá Kennedy veía a sus hijos como piezas intercambiables


Para Joseph Patrick “Joe” Kennedy (1888-1969) la mayor ambición era revalidar su perfil de hombre de éxito llegando a ser Presidente de los Estados Unidos. Era millonario gracias a sus propios negocios, pero estos no eran precisamente los más “respetables” para el ojo público: importar licores y el mundo del cine. Por lo que decidió forjarse una carrera política, con el apoyo de su entonces incondicional Franklin Delano Roosevelt.

Bajo la administración de Roosevelt, Joe Kennedy ocupó varios cargos de confianza, pero el mayor de todos fue el de Embajador de los EEUU en la Inglaterra de los años previos e iniciales de la Segunda Guerra Mundial (1938-1940). Kennedy apostó por un acercamiento a Adolf Hitler y su sanguinario Tercer Reich, creyó en sus falsas promesas que respetaría los territorios de los demás países europeos (claro hasta que la invasión a Polonia mostró el verdadero rostro del nazismo).

¿Joseph Kennedy fue realmente un ingenuo político al creer en Hitler? Esto es algo que siempre transitará en el terreno especulativo, pero lo cierto es que muchos políticos estadounidenses y británicos confiaron en los discursos “altruistas” del líder nazi, y miraron para otro lado frente a escenarios clarísimos como el rearme militar (violando el Tratado de Versalles) y sus crímenes contra la comunidad judía. El caso más emblemático fue el del Primer Ministro inglés Neville Chamberlain (que dejó actuar a Hitler), antecesor de Winston Churchill.

Sin embargo, mal de muchos consuelo de tontos. Joe Kennedy estaba fuera de cualquier carrera a la Casa Blanca, pero con una familia numerosa y una acaudala fortuna, además de sendos contactos políticos, su siguiente opción fue impulsar a uno de sus hijos que luchaban justamente contra los nazis y los japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Ahí inició su actitud de padre-entrenador, uno puede decir que Joseph quería a todos sus hijos, pero no puede negar que el “favorito” siempre fue quien tenía mayor perfil presidencial.

Sin embargo, la historia de los Kennedy es trágica, el primogénito Joseph Patrick “Joe” Kennedy, Jr. (1915-1944) era el predilecto, en ese entonces John Kennedy era casi un estorbo para su padre al que sólo encargaba tareas que ayudarán al futuro político de su hermano mayor. Pero la que podríamos llamar la “maldición Kennedy” alcanzó a Joe Jr. un 12 de agosto de 1944 en la campaña de liberación de Francia. Murió como un héroe en una misión aérea que no tenía necesidad de realizar, pues había completado el número de misiones que se le exigía como piloto. Algunos sostienen que el mayor de los hijos Kennedy quería equiparar la imagen heroica conseguida por su hermano John que había sobrevivido a un ataque naval japonés.

Joseph Kennedy se recuperó de la muerte de su hijo y sorprendió al impulsar casi de inmediato la carrera de John Kennedy, primero como Congresista y posteriormente como Senador. No nos vamos a sumergir en la historia de JFK (pues no es el protagonista de esta columna y va a tener amplia cobertura en los siguientes domingos), pero sí podríamos decir que Papá Kennedy repitió el patrón anterior, esta vez con su tercer hijo Robert Kennedy como la figura en la sombra de su hermano John.

Uno podría pensar que en 1960 Joe Kennedy pudo haber dicho “tarea cumplida” con el triunfo electoral de su hijo John F. Kennedy como Presidente de los Estados Unidos, pero esa sólo era una parte del sueño dinástico para su familia. Con el asesinato de JFK, el objetivo del patriarca de los Kennedy (ya para ese entonces postrado en una silla de ruedas y sin la habilidad del habla por una embolia) se vio truncado. A pesar del triste final de su segundo hijo, Joseph le dejó un encargo a Robert.

Según trascendió, Joseph Kennedy escribió en la pizarrita con la que se “comunicaba” que debía seguir la carrera de su hermano John. No es que a Bobby Kennedy le faltarán ganas de presidir los Estados Unidos (y de continuar la tarea de su hermano, con quien siempre tuvo una estrecha colaboración), pero uno podría esperar de un padre que forzara a su hijo a alejarse de la senda que acababa de matar a su hermano, para Joe esto no era lo importante. Finalmente, Robert Kennedy también fue asesinado, en medio de su campaña política en 1968 (el padre de los Kennedy aún vivía, murió en 1969).

Otro detalle que viene a colación en esta columna fue la decisión de Joe Kennedy de someter a una lobotomía a su hija Rosemary que sufría de desórdenes mentales y emocionales que ponían en peligro su vida. Esto no es necesariamente un acto de maldad o de desamor, pues en los años 40 se consideraba a la lobotomía como un recurso eficaz para curar a la gente con problemas mentales, sin tener el conocimiento que muchas veces las sumían en una inconsciencia total como sucedió con Rosemary. Lo que la esposa de Joseph, Rose Kennedy, nunca le perdonó fue no haberle consultado esta decisión.

La próxima semana hablaremos de un tema siempre polémico, la intensa vida sexual e infidelidades de John F. Kennedy. Nos centraremos como es lógico en el antiguo debate (que aún tiene validez en las redes sociales) sobre ¿a quién amaba Kennedy, a su esposa Jackie Kennedy o a la bomba rubia de Hollywood Marilyn Monroe? ¿Cuánto tuvo que ver en la obsesiva conducta de JFK su padre Joseph (también infiel por naturaleza, y amante de muchas actrices)?

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Categorías:Derechos Humanos, KennedyEtiquetas:

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