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Logan (Comentario de cine): Una despedida interesante de Wolverine


Sin temor a equivocarme, podría señalar que el rol del actor australiano Hugh Jackman como Wolverine es de los más logrados en el universo de los héroes de ficción. Como se dice coloquialmente: “le han sacado el jugo” en unas 9 apariciones en la gran pantalla. Logan (2017, que se estrenó el pasado 2 de marzo en cines peruanos) es el réquiem de despedida del paladín de Marvel, por lo menos en la versión Jackman.

Sólo por ello, como un justo reconocimiento, merece verse. Pero, además, Logan es una buena película con una lograda puesta en escena futurista (que mezcla elementos de sagas como Terminator o Mad Max) y un eficaz peso actoral. Las escenas entre Hugh Jackman, Patrick Stewart y la niña Dafne Keen son bien actuadas y entretenidas. Y, tenemos esa necesaria cuota de acción que caracteriza a este X Men.

Logan, sin embargo, es más un trabajo nostálgico que de acción y adrenalina. Estamos frente a un héroe en su ocaso, y realmente la actuación de Hugh Jackman nos introduce en el dificultoso andar de un hombre que está muriendo por dentro. Patrick Stewart hace lo propio en su adiós al Profesor Charles Xavier, avejentado, enfermo, pero con esa chispa irónica tan propia del intérprete británico.

El cineasta James Mangold vuelve a la saga con esta despedida que no llega a superar a Wolverine Inmortal (2013) y su escenario japonés. Lobezno a lo samurái, por lo menos para este columnista de opinión, es lo mejor de la dupla Mangold / Hugh Jackman, y una de las cintas más entretenidas de los filmes súper heroicos. Logan, también es una buena historia que conmueve y emociona.

¿Qué puede extrañar el espectador y el fan de Wolverine? Sin duda, ver a su héroe pelear y salir victorioso, no se trata de esas películas. Logan es como esas cintas del Viejo Oeste (incluso hay un guiño a los westerns en el filme) donde un paladín avejentado y enfermo da sus últimos esfuerzos ante una misión que parece imposible y antes hubiera sido un encargo sencillo para el protagonista.

Wolverine pelea contra sí mismo, primero al tener que vérselas con su letal enfermedad y luego (más visualmente) ante una versión mejorada. Y, el espíritu del filme Logan no nos garantiza para nada finales felices. Es como toda despedida, oportunidad para soltar una lagrima, decir un adiós, y dejar atrás a un personaje que difícilmente tendrá a un mejor actor tras suyo, lo de Hugh Jackman siempre fue sobresaliente.

No me gustó el largo intervalo (por lo menos parecía más prolongado de lo necesario) de Wolverine con los niños medio mutantes. Por un momento me sentí viendo una escena de ese clásico de fantasía de Steven Spielberg: El regreso del Capitán Garfio (1991, con el desaparecido Robin Williams en el rol de un Peter Pan avejentado y un grupo de Niños Perdidos esforzándose por devolverle la memoria).

Me encantó, además de las actuaciones de Jackman y Patrick Stewart, la de la niña Dafne Keen como Laura. Salvaje y tierna, esa rara mezcla nos atapa en casi todas sus escenas. Nunca se le ve forzada ni fingida. Me queda una última duda: ¿Por qué Wolverine siempre debe enfrentarse a científicos despiadados? Sé que en el cómic son habituales estas lides de Lobezno contra sus creadores, pero pudieron variarla un poco. Fuera de ello, vaya al cine a despedirse de este héroe, disfrutará de Logan.

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