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Hasta el último hombre (Comentario de cine): Pacifismo en el infierno


Mel Gibson regresa a dirigir después de una década, su última película fue Apocalypto, y antes había sumado un Oscar a Mejor Director por Corazón valiente (Braveheart / 1995) y fue aplaudido y cuestionado por la Pasión de Cristo (2004). Justamente, la polémica por esta cinta religiosa y un insulto antisemita a un policía (que lo detuvo por conducir ebrio) lo marginó un buen tiempo del cine. Vuelve, por todo lo alto, y con nominaciones al Oscar (Mejor Película, Mejor Actor y Mejor Director), con Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge).

Y, Mel Gibson elige una cinta que no debería polarizar opiniones, la historia real de un joven cuyas convicciones religiosas lo llevaron a enrolarse en el ejército norteamericano con una sola condición, no tener que portar ni disparar armas. Sin embargo, esto no le impediría cumplir una heroica labor en una de las más cruentas batallas en territorio japonés, durante la Segunda Guerra Mundial.

Hasta el último hombre narra los acontecimientos de la toma del pico Hacksaw, un punto estratégico para ganar la batalla de Okinawa. Pero el filme comienza mucho antes. Dando el debido contexto a la decisión de Desmond Doss (un muy eficaz y convincente Andrew Garfield), y también nos sumerge en las barreras que debió sortear durante su entrenamiento militar.

En las películas de guerra, el entrenamiento es casi siempre uno de los puntos más atractivos del filme. Pocos podrían concebir la extraordinaria obra de Stanley Kubrick, Nacido para matar (Full Metal Jacket / 1987, sin esa primera mitad del adiestramiento militar más salvaje del sétimo arte). Hasta el último hombre no tiene esa intensidad, pero sí expone la lucha del protagonista para poder ir a Japón y servir como médico, claro sin tener que portar armas.

La otra fracción de Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge) es la bélica, descarnada, salvaje, dejando “chiquita” incluso a Salvando al Soldado Ryan (1998, de Steven Spielberg). En realidad, al gusto de este columnista el filme de Gibson abusa del realismo extremo, pero probablemente este sea un detalle menor de para los espectadores de hoy, acostumbrados mucho más a ver sangre, vísceras y cuerpos desmembrados.

A pesar de esa parafernalia bélica, sí podemos decir que hasta el último hombre no decae en interés ni potencia. Es un relato bien contado que no cansa, una exposición de heroísmo sostenida. Un Andrew Garfield que aparece como un paladín muy distinto al súper héroe Spiderman que lo caracterizó y catapultó a la fama, hoy ya se puede hablar de un actor de carácter.

El elenco de Hasta el último hombre no es muy conocido, pero reconocemos nombres como Vince Vaughn (Psicosis y Los Rompe Bodas), Sam Worthington (Avatar, Terminator: Salvation y Furia de Titanes) y Hugo Wearing (Matrix). Las chances de Oscar son escasas frente a favoritas como La La Land o Moonlight, pero siempre se puede dar alguna sorpresa en la denominada “gran noche del cine”.

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