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A Luis Fernando Figari hay que tratarlo como a Bill Cosby en EEUU


Francamente no me sorprende la ineficacia e inhumanidad de la 26º Fiscalía Provincial Penal de Lima, que decidió archivar la causa contra Luis Fernando Figari. Según la fiscal titular de dicho organismo del Ministerio Público peruano, María del Pilar Peralta Ramírez (hay que recordar bien este nombrecito) las denuncias son o inexistentes (a pesar que hay testigos de ellas) o extemporáneas (en una enredada aseveración que desmenuzaremos en esta columna de opinión).

Veamos, la fiscal María del Pilar Peralta Ramírez sostiene que “no hubo ningún afectado que se acercara a denunciar que haya sido víctima de dichos abusos”. Sin embargo, el periodista Pedro Salinas (exmiembro del Sodalicio y autor del libro de denuncia Mitad Monjes Mitad Soldados) asevera “por supuesto que hubo gente que fue a denunciar. A mí me consta que han ido varias personas, en calidad de testigo, a denunciar y señalar abusos perpetrados por Figari y otros miembros de la institución”. ¿A quién le cree el Perú?

Asimismo, Peralta Ramírez tiene la desfachatez de señalar que como el Sodalicio tiene más de cuarenta años de fundado, es dable asumir que muchas denuncias estaban prescritas. Según parece el interés de hacer justicia no la ha llevado a reparar que durante esas cuatro décadas se habrían perpetrado los crímenes de abuso sexual y sicológico no solamente en el momento de la fundación, que incluso ha suscitado una investigación y proceso (no judicial sino religioso) por el Vaticano.

La fiscal, hoy muy cuestionada (con razón), da inusitados argumentos como que las víctimas habrían sido mayores de edad, y expresaron por carta su intención de ingresar al Sodalicio de Vida Cristiana. Según parece bajo el criterio de María del Pilar Peralta Ramírez, de la 26º Fiscalía Provincial Penal de Lima, pasados los 18 años no puedes ser “abusado” ni estafado.

En otro delirante argumento, María del Pilar Peralta Ramírez indica que “ninguno de los presuntos agraviados presenta actualmente problemas sicológicos derivados de su permanencia en el Sodalicio. por el contrario, las pericias demuestran que todos ellos llevaron vidas personales y profesionales exitosas”. Los daños emocionales y psicológicos no siempre implican que una persona tenga que verse excluida de la vida y el éxito profesional. Sin pensarlo mucho, recuerdo a dos escritores: Virginia Woolf (reconocida poetisa, cuya bipolaridad la llevó al suicidio) y a Imre Kertész (Premio Nobel que sobrevivió al holocausto nazi, con toda la carga síquica que ese genocidio conllevó, y triunfó en la literatura). La fiscal parece desconocer estas realidades.

Hoy, como muchos peruanos (cuya posición se refleja en las redes sociales), me siento indignado por esta decisión de la Fiscalía. Recuerdo a hombres valientes como José Enrique Escardó o Martín Scheuch que se atrevieron a denunciar los abusos de Luis Fernando Figari. O a los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz que emprendieron la tarea de compilar en el libro Mitad Monjes Mitad Soldados los condenables actos de Figari. Es una pena que en el Perú no se pueda hablar de justicia eficaz y oportuna, indigna y mucho.

¿Qué camino nos queda? Aquí lanzo una propuesta, donde no necesitamos de la intercesión de ninguna fiscal como Peralta Ramírez: el escarnio público. En Estados Unidos fue una herramienta muy eficaz contra el cómico Bill Cosby (del que sólo una causa de más de 50 sobre violación sexual a mujeres estaría siendo juzgada), pues las denuncias contra el conocido actor habían prescrito, pero la opinión de un gran número de ciudadanos lo condenó.

A Cosby le han retirado medallas, estatuas y homenajes (incluso la Casa Blanca hace esfuerzos por retirarle una condecoración), es objeto de burlas televisivas, se ve forzado a recluirse en su casa (que se vuelve su “prisión”). Es esa la manera que nos toca para tratar a Luis Fernando Figari, una actitud no violenta pero sí de fuerza, de reprobación, de constante castigo. Ahora recluido en Roma, que recuerde: la fiscal te considera inocente, pero el Perú sí te culpa.

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Categorías:Coyuntura, Derechos Humanos, ReligiónEtiquetas: ,

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