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Tips para irse de campamento a la playa y no pasarla mal


He tenido, hace ya varios años, la oportunidad de irme de campamento a la playa: ya sea por Año Nuevo o por Semana Santa (que me perdone Dios, como decía otra canción). Ahora no voy ni “pagado”, con la justa caigo de “paracaidista” en una casa de veraneo, pero el cuerpo no me da para la aventura que es ser campista. Sin embargo, las muchas experiencias de mi pasado me dan el conocimiento de soltar algunos consejos útiles.

No sé si las playas de Puerto Viejo o Lobos siguen siendo habitables para acampar, son las dos que conozco. Pero, siempre es bueno investigar (googlear) cuáles son las playas propicias para acampar, con factores importantes como contaminación, limpieza, servicios, oleaje, ubicación, etc. Por Cerro Azul suelen haber playas limpias y es mejor tener la garantía que vaya un nutrido grupo de personas, ir pocos puede convertirse en una verdadera película de terror, por la delincuencia.

En un blog que parece “enterado” se señalan playas como Estaca de Fierro o Los Reyes, que cuentan además con algo muy importante: restaurantes. Eso de llevar comida al campamento puede ser contraproducente hasta cierto punto, claro la parrillada suele estar implícita, pero en algún momento (sobretodo si viajas con niños) va a surgir la necesidad de comer algo más convencional. Los locales playeros suelen tener una cocinera o cocinero que te preparan desde un arroz con huevo frito, hasta un rico cebichito.

Para llevar la comida y la bebida, no escatimes en coolers. Lo ideal sería tener unos tres tamaño grande para un grupo de diez personas, en dos llevas los víveres y bebidas gaseosas, jugos y agua (muy aparte de hacerte de un bidón, el calor no es para andar con irresponsabilidades). En el tercero coloca las cervezas, no las mezcles, ni privilegies el alcohol.

El sol puede causar muchos estragos y las carpas sólo sirven para pasar la noche, el calor dentro de una carpa es sofocante. Para eso resulta importantísimo hacerse de un toldo, lo más grande posible. Lo puedes fabricar tú mismo, una buena tela, los tubos para hacer la base. Echarse bajo la protección del toldo, sentir el refrescante viento correr, es lo que redondea la experiencia de acampar.

Los baños, es algo más que suelen brindarte los restaurantes, no es nada gracioso levantarte tras una juerga y tener que buscar un retrete siquiera “utilizable”. Está claro que tienes que sacrificar comodidades, pero a veces las condiciones de los “baños” (por nombrarlos así, recuerdo haber tenido que ir a un kiosko abandonado donde todos procedían) es ya más que insalubre. Hoy se cuentan con baños portátiles, si puedes hacerte de uno propio aún mejor.

La protección solar (usar bloqueadores es una necesidad, el cáncer a la piel no es ningún cuento), la seguridad de tu entorno (siempre debe haber una o varias personas responsables que no pierdan la conciencia de “guardar las cosas”), la limpieza (lleva varias bolsas para los desechos, no seas sucio) y el saber que eres parte de un grupo (debes preocuparte por tu compañero de campamento) son fundamentales. No dejes de llevar un botiquín de primeros auxilios. Por lo demás: disfruta de tu campamento.

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