Rogue One (Comentario): Una perspectiva distinta y entretenida de Star Wars


El 2015, a estas mismas alturas del año, las sensaciones dejadas por Star Wars Episodio VII: El despertar de la Fuerza eran diversas y hasta polarizadas. Había fans contentos con la cinta dirigida por J.J. Abrams, que traía de regreso a los personajes clásicos como Han Solo, la Princesa Leia, Chewbacca, Luke Skywalker (que no aparecían en la segunda trilogía). Pero otros (entre los que me cuento) sintieron una cierta desazón, se esperaba más de lo que se vio.

Con Rogue One: Una historia de Star Wars pasa todo lo contrario, es un spin off, y de entrada sabemos que no se centrará en la vida de los Skywalker (aunque sí aparece el extrañado Darth Vader). Sin embargo, estamos frente a una película muy solvente, con una trama que transcurre entre el heroísmo, la mística y las escenas bélicas (probablemente las mejores de toda la franquicia).

Los personajes tienen una fuerza de carácter propia de actores más recorridos, algo que todavía no se nota en los nuevos miembros aparecidos en Star Wars Episodio VII: El despertar de la Fuerza (Finn / John Boyega, Rey / Daisy Ridley y Kylo Ren / Adam Driver). Felicity Jones (Jyn Erso) y Diego Luna (Cassian Andor) les otorgan un realismo y una humanidad (si vale el término, tratándose de seres intergalácticos) que no es común en la saga.

Esta vez no tenemos a un androide entrañable como R2D2 o BB8, K-2SO (con la voz de Alan Tudyk) es más bien irónico, al punto de hacernos reír, pero no es ni tierno ni encopetado como C3PO. El rebelde mutilado Saw Gerrera (con la acostumbrada presencia de Forest Whitaker) y el científico Galen Erso (un cada vez más frecuente Mad Mikkelsen) redondean un excelente elenco.

Sería mezquino no hablar del monje oriental Chirrut Îmwe (Donnie Yen) que nos deja otra frase más sobre la proverbial Fuerza (que por supuesto esta columna no va a adelantarte). El villano de Rogue One: Una historia de Star Wars es, a pesar de la presencia de Darth Vader, Orson Krennic (Ben Mendelsohn), y le da una cuota de egoísmo e inestabilidad propia de líderes más convincentes.

Vamos al tan añorado Darth Vader, no tiene escenas extensas, pero sí muy potentes. Sobretodo al final de la película, hay cameos de otros personajes de la saga de Star Wars (que seguramente darán más de un beneplácito a los fanáticos), pero la verdadera protagonista es una historia muy bien contada, con ritmo, heroísmo y sin duelos de sables de luz. Es la faceta de rebeldes contra imperiales que tanto le faltaban a la saga.

Cierro esta columna recomendando entusiastamente ir a ver Rogue One: Una historia de Star Wars, no decepcionará ni a los seguidores de La Guerra de las Galaxias, ni a los neófitos. Gran trabajo del cineasta Gareth Edwards.

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