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Lucila Campos se lleva la jarana al cielo


Según dicen, desde la muerte de su hijo Peter Ferrari (en el 2015), la ya delicada salud de Lucila Campos se resquebrajó aún más. Es que una madre nunca está preparada para ver partir a quien dio a luz. En la noche del 11 de diciembre se le ingresó al Hospital Rebagliati, y a tempranas horas su hija, Zoila García Campos, lamentaba su fallecimiento. Un lamento que no tardó en sentirse en todos los peruanos de corazón.

Es que, estos artistas que nos han hecho jaranear, que han inculcado en nuestros sentimientos más íntimos el “amor por lo nuestro”, son los que uno extraña más. Son los irremplazables, parte de una generación que en realidad no encuentra una renovación plena. Lucila Campos deja un espacio difícil de llenar, que en estos momentos parecer hasta imposible de reponer.

Perú Negro, la compañía más emblemática de la música negra del país, seguramente la sufre y la honrará por todo lo alto. No en vano son 17 años dedicados a esta asociación cultural (que sí se renueva), es innegable la escuela que Lucila Campos deja entre sus nuevos talentos. Asimismo, la recordarán aquellos que la aplaudieron al frente del Teatro y Danzas Negras del Perú de Victoria Santa Cruz.

Sucede que la trayectoria de Lucila Campos es desde antes de los 10 años de edad, cantando en un mercado cercano a su casa de Lince, en un concurso que vio nacer la grandeza. Luego, ya se integraría a Gente Morena de Pancho Fierro y desde ahí su historia en los escenarios estuvo plena de aplausos, ovaciones y reconocimientos, alegría y jarana.

Su carrera de solista es también muy destacada, la “Tía” Lucila Campos era de rostro adusto, serio y hasta regañón. Pero en el tabladillo se transformaba, era generosa con su canto y su voz, hacía bailar al más chueco, cantar hasta al desentonado, nos llenaba la boca y el alma de un “Perú, Perú”, ay Lucila, como se te va a extrañar.

Ahora nos toca extrañarla, llorarla, decir adiós, tal como se lo dijimos a otros baluartes peruanos, como a Arturo el “Zambo” Cavero, al gran Óscar Avilés, y es que se van yendo los grandes. Hace poco el Presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, honró a Lucila Campos (y otros artistas como el ‘Gordo Casaretto’ y Augusto Polo Campos, todos delicados de salud) y dijo: “Tenemos que apoyar a nuestros héroes culturales, que tengan el otoño de sus vidas tranquilo y más próspero que lo que tienen ahora. (…) Les deseo todo lo mejor”. Que no sean palabras al viento.

Adiós Lucila Campos, ahora armarás la jarana en el cielo, al lado de tu engreído Peter Ferrari.

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Categorías:Coyuntura, MúsicaEtiquetas: , ,

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