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La “dulce” Navidad: Galletas, panetón y postres


Tuve la enorme suerte de que mi madre nos premiara (en mi niñez) a fin de año con deliciosas galletas navideñas, que ella misma preparaba, esa cocina está guardada en mi memoria, y en la de mi hermano, de manera perenne. Los deliciosos aromas que antecedían a los aún mejores sabores eran de limón, mantequilla, avena, manzana, coco, chocolate, maple, mmm, una delicia.

Ya mi mamá no prepara galletas, y me parece bien (pues eran horas de esfuerzo), pero el recuerdo queda ahí, siempre ligado a la Navidad. Afortunadamente, en estos años ha incrementado la oferta de galletas navideñas (nunca como las maternas) pero sí variadas y ricas. En la pastelería La Confitería (con locales en Pezet 1453 / San Isidro y Prolongación Primavera 1295 / Surco). Mis preferidas las de jengibre, naranja y pasas con nueces.

Pero, La Confitería también te hará quedar muy bien en estas fiestas. Este columnista siempre cae en la casa de una familia de amigos con un Enrollado de Chirimoya que es como una tarjeta de presentación. Otros postres a disfrutar son la Bola de Oro (de delicioso mana) y un Merengado de Fresa que con el chantilly y las coloradas frutas juegan muy bien con las tonalidades navideñas.

El panetón es un clásico en las navidades peruanas, y de otras partes del mundo, llega de Italia (más precisamente de Milán) y tiene una historia curiosa. En una cena palaciega ofrecida por el duque milanés Ludovico El Moro, sucedió el infortunio de quemarse el postre designado, el cocinero a punto del histerismo fue “rescatado” por un asistente que había guardado una masa con frutas y pasas (para llevársela a casa), la horneó y se convirtió en lo más memorable de esa fiesta: el Panettone nació ese lejano 1495.

Pero no fue hasta 1950 que llegó al Perú, donde los competidores reposteros Angelo Motta y Gino Alemagna industrializaron al panetón. Pero fue la familia D’onofrio quien realmente se impuso en el mercado (en los años 60) con la receta de Alemagna. En nuestro país el panetón se prepara con masa de naranja, plátano y manzana. En Huancayo se utiliza harina de papa, en Bolivia hoja de coca. Los hay con chocolate, miel y helado.

Este año me inclino por la versión panetonera de La Baguette que cuenta con varios locales citadinos (en San Isidro, Miraflores, Jesús María o Surco), tiene sabor a naranja, y las clásicas frutas confitadas y pasas de primera calidad. Otra buena opción la encontramos en la clásica Pastelería San Antonio, los precios no son tan diferentes de los panetones de súper mercados y el sabor sí marca distancias.

Culminó esta sabrosa columna con una última recomendación, Don Mamino (con locales en Monterrico, La Molina, Miraflores, el Salaverry Plaza, Chacarilla y San Isidro) tiene por estas fechas un arbolito de mana que es un regalo esperado por una amiga, y seguramente alegrará la mesa de muchas familias. Ya lo sabe, la Navidad no es para dietas.

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Categorías:Coyuntura, Fiestas, GastronomíaEtiquetas: , , , , ,

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