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Guerrero (Comentario): La película para llevar a los niños peruanos al cine


La película peruana Guerrero, sobre la niñez del seleccionado nacional Paolo Guerrero, es una opción más que valida para llevar a los niños peruanos (hombres y mujeres) al cine. Se trata básicamente de una cinta infantil, aunque puede ser vista también por público adulto, del corte que te deja valores morales y éticos. Ante tanta oferta extranjera que rodea la cartelera navideña, es un oasis de peruanidad.

No es, ni de cerca, la película perfecta, ni lo mejor que ha producido la cinematografía peruana en los últimos tiempos (Magallanes, de Salvador del Solar, es muy superior), pero la mayoría de filmes concebidos para niños rara vez son realmente buenos (en criterios fílmicos). Sin embargo, Guerrero tiene varios puntos importantes a resaltar, que la convierten en muy buena opción para los infantes nacionales.

Primero que nada, una historia simple y directa de superación humana. Desde sus humildes orígenes, el niño Paolo Guerrero va encaminándose en la ruta del éxito. Es importante la identificación de problemas palpables en nuestra sociedad, que muchas veces superan a los más pequeños, como es un hogar partido, una madre abnegada que trabaja, la falta de recursos económicos, etc.

Paolo Guerrero (solventemente interpretado por el menor Rony Shapiama, es increíble que este niño haya sido seleccionado hace menos de un año), recibe la influencia materna, por la ya archiconocida Doña Peta (personificada por la eficaz Magdyel Ugaz). Tiene el consejo de un hombre que trabajó mucho por los niños y el fútbol peruano, Constantino Carvallo (muerto en el 2008) interpretado por Javier Valdés.

Una gran lección que se desprende de la cinta Guerrero es sobre la amistad, en la que el pequeño Paolo aprende lealtad y respeto (incluso con una niña que juega al fútbol). Aunque estas situaciones se pierden un poco en la amplitud de un guión que busca abarcar demasiado en la vida del niño, y al final no termina de llegar a ninguno de los objetivos plenamente.

Las conversaciones entre el Paolo Guerrero adulto (interpretado por el futbolista que todos conocemos) y el Paolo niño (Shapiama) se sienten un poco inconexas, dando la impresión que la película muy bien pudo funcionar sin estas escenas. La percepción de este columnista es que se buscaba forzar la participación del ídolo futbolero, y de paso generar expectativa.

Es importante hacer una aclaración, hace un par de días publiqué una columna opinando que no se debió realizar una película sobre un deportista en actividad, mientras hay otros ejemplos más importantes en el fútbol peruano como Teófilo Cubillas o Lolo Fernández. Con esta nueva columna no me retracto, pues se limita únicamente al análisis de la cinta.

Con las falencias mencionadas, igual Guerrero es una opción muy viable para llevar a los niños peruanos al cine, ver una producción nacional, sobre un personaje identificable para la gran mayoría. Las lisuras (una muletilla del cine peruano y latinoamericano) son reducidas al mínimo. No hay escenas sexuales, ni de problemas adultos (como las drogas o el alcoholismo). Se pudo haber trabajado mejor en el tema que el fútbol no es la única ruta del éxito de un pequeño, ofrecer algo más que la canción de Nubeluz. Pero, vale la pena ir a ver Guerrero en familia.

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