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Hitler y el peso de sus palabras y acciones: El pez por la boca muere


Con la presente columna clausuramos un primer ciclo (de dos meses, octubre y noviembre) sobre el nazismo y el holocausto contra los judíos. Una serie de ocho comentarios de opinión que han dejado muy satisfecho al autor de estos textos y al blog y la fanpage que los presenta. Primero por tratarse de temas históricos (que tendemos a pensar no tienen salida), segundo por el nivel de lectoría (logrando buenos estándares) y finalmente por el debate, en su mayoría alturado. Por lo que agradezco a los lectores.

He escogido para cerrar este ciclo, una columna con algunas frases de Adolf Hitler, extraídas de discursos y alguna de conversaciones que fueron transcritas por testigos directos. El objetivo es graficar la “contundencia de la palabra dicha”, a veces sirve para justificar acciones bélicas o intentar “legalizar” persecuciones y matanzas. Sin embargo, también es un lastre cuando la guerra cambia su curso, y eres tú y tu pueblo los perseguidos.

Veamos una frase del Discurso del Reichstag (primero de setiembre de 1939): “No habrá en Alemania ninguna privación que yo no sufra personalmente.  Seré el primer soldado del Reich alemán.  Me he puesto el uniforme que me ha sido siempre más querido y sagrado, y no me lo quitaré hasta después de la victoria, a no ser que no pueda ver el fin de la lucha.” Fue real, esta predicción, sólo en parte y mirándola sesgadamente. Adolf Hitler seguía viviendo protegido en su bunker de Berlín, mientras su pueblo era desgarrado por el bombardeo aliado, “primer soldado” nunca, terminó la Segunda Guerra Mundial suicidándose, la Primera la acabó en un hospital como un cabo herido. Nunca lo hizo de píe en el campo de batalla.

Una decisión polémica de Adolf Hitler en medio de la previsible derrota fue la inundación del metro de Berlín, de esta hay dos explicaciones plausibles, y en ambas se ve su desapego a la seguridad y bienestar del vapuleado pueblo alemán. La medida, que fue aplicada parcialmente (causando la muerte de muchos, entre ellos mujeres y niños) habría sido para evitar la fuga de los berlineses y obligarlos a defender la ciudad con sus vidas. La otra explicación fue la de la “tierra quemada”, para que el enemigo no encontrara ventaja bélica al invadir la capital alemana. Esta tiene un grave defecto, no es como la estrategia rusa que desgastó a las tropas alemanas, para finalmente expulsarlas del territorio ruso, Berlín era ya lo último que le quedaba a Alemania, su destrucción sólo serviría en contra de los sobrevivientes teutones.

A estas alturas, es fácil darnos cuenta que a Hitler sólo le importaba él, al no poder liderar Europa, ya no le interesaba ni su vida, ni la de los alemanes. El alegato, insuficiente y antojadizo de que el Tercer Reich buscaba la paz es trucado, pues siempre tuvo como condición el respeto al territorio conquistado, que fue lo que comenzó la guerra. Inglaterra y Francia entraron al conflicto por un tratado con Polonia, los obtusos no parecen entender que un tratado se debe respetar. Mucho menos se podía firmar una paz que dejará, por ejemplo, a Polonia, Holanda, Bélgica o Dinamarca en manos de los nazis.

Nüremberg vio nacer la leyes racistas del Tercer Reich, también fue el escenario de los juicios contra los criminales nazis. Existe una suerte de justicia poética en ello, se debería entender que contra los absurdos “estudios” (sin fundamento alguno) que los ingleses y norteamericanos eran manipulados por sionistas, a los nazis se les protegió. A la mayoría se les dejó en libertad, sólo fueron juzgados y ejecutados aquellos que tomaron decisiones en el genocidio. La Alemania de Hitler mataba mucho más, mataba a sospechosos, a familiares, niños, mujeres y ancianos sólo por tener alguna relación con un opositor. Si se hubiera medido con la misma vara, el pueblo germano hubiera sido seriamente diezmado.

Una cita atribuida a Adolfo Hitler que enciende polémicas entre los defensores del Führer es la relatada por el historiador alemán Hermann Rauschning, según el miembro del entorno hiltleriano el líder alemán dijo: “Se refieren a mí como un bárbaro ignorante. Sí, somos bárbaros. Queremos ser bárbaros, es un título de honor para nosotros”. Con dicha frase, se justificaban las invasiones, muchas sangrientas y exterminadoras de las tropas teutonas. Los detractores de Rauschning aseguran que jamás tuvo más de cuatro reuniones con Hitler, pues en alguna de ellas bien pudo soltar esa frase, bastante apegada a su verborrea habitual.

Pero, las acciones valen más que mil palabras, los antisemitas y admiradores de Hitler siempre hablan del bombardeo a Berlín, trágico y devastador en pérdidas de vidas humanas. Tanto como los bombardeos nazis a Polonia, Londres o Róterdam. Tanto como la invasión a Rusia, con asesinatos, ejecuciones y violaciones de todo tipo. ¿Les respondieron con la misma moneda? En muchos casos sí, no en todos. Ya lo decía en párrafos anteriores, al momento de los juicios y ejecuciones, los británicos y norteamericanos no se comportaron como los nazis.

Mucho he leído en estas semanas una frase que ya es una “muletilla” de los defensores de Adolf Hitler: “la historia la cuentan los vencedores”. No se trata de una verdad de Perogrullo, la historia más bien suele contarse desde la perspectiva de cada país involucrado. Por poner un ejemplo, yo soy peruano y a mí me han contado una versión de la Guerra del Pacífico muy distinta de la que comprobé contaron a amigos chilenos. Perú perdió este conflicto pero tiene su propio relato, y esto es común. Lo que molesta a los admiradores de Hitler, es que en Alemania no se defiende a este personaje, es más se le condena tanto o más que en otros países. Es motivo de vergüenza y de oprobio.

De esta manera se cierra el primer ciclo de columnas sobre este tema, Holocausto Judío y Nacismo, en el mes de mayo retomaremos con nuevos análisis, esta vez con testimonios de familiares de sobrevivientes al genocidio, el efecto en el cine de esta triste etapa histórica, la desmitificación de que Hollywood es sionista y la proliferación de cintas que denuncian el holocausto en Alemania y los otros países que fueron escenario de la masacre.

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Categorías:Derechos Humanos, HolocaustoEtiquetas: ,

1 comentario

  1. Excellent
    Exelente

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