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La gran estafa deportiva de Lance Armstrong: Defraudó a niños, atletas y a una nación


Lance Edward Armstrong, nacido bajo el nombre de Lance Edward Gunderson en 1971, pasó de la gloria al infierno, un destino que el mismo se fraguó con una estafa deportiva que destruyó la imagen heroica que había plasmado desde que superó al cáncer testicular y llegó a ganar siete veces consecutivas en el famoso Tour de Francia. Sobre una bicicleta había inspirado al mundo entero.

Pero los éxitos, impresionantes, del ciclista texano se lograron gracias a inyecciones de un medicamento vedado conocido como eritropoyetina, factor estimulante eritropoyético, hemopoyetina o simplemente EPO. Esta droga permite estimular la formación de eritrocitos y es el principal agente estimulador de la eritropoyesis natural, lo que le daba una ventaja tal a Armstrong, que según expertos no hubiera podido lograr ninguno de sus triunfos sin ella.

Mientras que otros deportistas que han incurrido en dopaje pueden alegar desconocimiento de la ingesta del medicamento prohibido, o algún vicio que ni siquiera los ayudaba a tomar ventaja (como es el caso de la cocaína), Lance Armstrong no pudo sostener esa mentira. Pues las pruebas indicaron que no sólo se benefició ampliamente con el EPO, también elaboró toda una mafia que incluyó a sus propios compañeros de equipo.

Veamos un poco de historia para comprender el grado de la decepción causada por Lance Armstrong. Su imagen fue promocionada como la de un icono de la superación al cáncer, que medicamente lo había marginado de toda actividad deportiva en 1996. En aquella época, Lance había demostrado ser un atleta disciplinado (figura en el ciclismo estadounidense) pero sin la trascendencia que le permitiera ganar el Tour de France, y hasta con un fiasco en los JJOO de Atlanta.

Se le suponía retirado de los circuitos de ciclismo, pero en 1998 reapareció milagrosamente en la escena deportiva mundial. Tras triunfos en España y Luxemburgo, volvía a enfrentarse a su “bestia negra”, la afamada competencia francesa, que sólo el también estadounidense Greg LeMond había podido superar en tres ocasiones (1986, 1989, 1990), siendo el único no europeo en lograr la gloria. En 1999, Lance Armstrong se erigió como el segundo norteamericano en alzarse con el trofeo francés.

Desde ahí, Armstrong acumuló seis veces más la gloria en el Tour de Francia, de manera consecutiva. De esta manera, Lance se volvió portada del deporte (era mucho más carismático que LeMond), rostro publicitario y figura de la superación de una enfermedad tan común como mortal: el cáncer. Los niños enfermos de este mal lo acogieron en calidad de héroe. Llegó el momento en que aparecer al lado del ciclista se volvió en un atractivo mayúsculo.

Lance Armstrong se retiró de las pistas en 2005, para un esporádico retorno en 2008, donde volvió a competir en Francia sin conseguir el éxito de antaño. Para algunos comentaristas deportivos sin este regreso existía la posibilidad que Armstrong hubiera podido librarse de las investigaciones que mostrarían la dolorosa verdad. Lo cierto es que los periodistas Pierre Ballester y David Walsh ya llevaban un tiempo tras la pista del fraude.

El “castillo de naipes” fue derrumbándose con la publicación del libro de Ballester y Walsh L. A. ConfidentielLes secrets de Lance Armstrong, con entrevistas a una masajista y a un compañero de equipo: Steve Swarts. La caída en desgracia de otro ex equipista de Armstrong, Floyd Landis (que también cosechó triunfos en Francia y fue sancionado por consumo de testosterona) y la acusación del otrora asociado de Lance, Frankie Andreu y su mujer, Betsy, fueron el germen de su descredito.

Lance Armstrong intentó negar todas estas acusaciones, pero la Agencia Antidopaje de EEUU (USADA) presentó ante la Unión Ciclista Internacional (UCI), en 2012, una petición para descalificar al estadounidense y retirarle todos sus títulos (incluidos los del Tour de Francia y una medalla olímpica). La puntillada final la puso el propio Armstrong al admitir en una entrevista con la extra popular Oprah Winfrey lo que, para ese entonces, todos sabían o sospechaban: su trampa. Todo esto se puede ver en la bien lograda película El engaño del Siglo, la increíble historia de Lance Armstrong (dirigida por Stephen Frears).

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Categorías:Coyuntura, Deportes, Derechos Humanos, PersonajesEtiquetas:

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