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¿Qué papel jugó la Iglesia Católica en el Holocausto judío?


Para analizar las responsabilidades de la Iglesia Católica en el Holocausto a los judíos europeos perpetrado por el régimen Nacional Socialista en la Europa de los años 30 y 40, deberíamos formularnos dos preguntas. Primero, ¿Qué hizo la Iglesia Católica durante el genocidio? Y luego, desde la perspectiva actual (Siglo XXI / Papa Francisco) ¿Qué le hubiera gustado hacer? O ¿Cómo hubiera querido actuar en este episodio tan negro de la humanidad?

Pues, de varias maneras la Iglesia Católica ha querido excusarse por su actitud institucional durante la matanza de los judíos en los territorios ocupados por la Alemania Nazi. Por ejemplo, se ha buscado promocionar la actitud honorable y heroica de algunos sacerdotes, religiosas y laicos a favor de las víctimas, aunque esto también nos lleva a razonar, cuánto más se hubiera podido hacer con una posición determinante del Papa Pío XII en toda Europa, y no sólo en unos cuantos casos de asilo eclesial a judíos en Roma (donde habría tenido conocimiento). También se ha esgrimido la idea que el Pontífice y la jerarquía eclesiástica buscaba proteger las santas reliquias del Vaticano, y nos preguntamos ¿Así hubiera actuado Jesucristo?

Sin embargo, hasta este punto en particular uno podría pensar que la Iglesia pecó de omisión al no intervenir a favor de los judíos. La historia, analizada a consciencia en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial nos lleva a golpearnos con una cruda realidad (para los católicos, como este columnista), el Papa Pío XII no tuvo ni siquiera una actitud silente ante Adolf Hitler y el nacismo, ya en 1933 el entonces Cardenal Eugenio Pacelli (antes de acceder al papado como Pío XII) firmaba un concordato con los Nacional Socialistas. Pacto que nunca se esforzó en romper.

Es absurdo pensar que el Vaticano no estaba al tanto de los crímenes contra los judíos, que iniciaron con prohibiciones, confiscaciones de propiedades y bienes, hostigamiento, y derivaron en muerte (ya sea en fusilamientos, o en los campos de exterminio y de trabajo). Los sucesos ocurrían prácticamente en las narices del Papa, se conoce de informes presentados a Pío XII y sus colaboradores, que en el mejor de los casos simplemente escogió “no creer”. Aunque eso suena irreal, a la luz de la cantidad de testimonios e informantes con que contaba la Iglesia Católica. Por ejemplo, se enteró prontamente de situaciones que afectaban al clero. Asimismo, in extremis habría dado el visto bueno para auxiliar algunos refugiados en las iglesias romanas, lo que lleva a asumir que era consciente de esta realidad.

Una teoría, bastante aceptada, incluso por eminentes teólogos católicos como James Carrol o el Padre Edward Flannery, es que la Iglesia Católica liderada por Pío XII cedió al histórico antisemitismo promovido durante los 20 siglos de historia eclesial. El catolicismo ha perseguido a los judíos de manera casi permanente, llegando a picos de sadismo como en la Santa Inquisición. Siempre bajo la premisa bíblica de ser los “autores de la muerte de Cristo”.

Vamos a plantear la muerte de Jesús bajo términos históricos (lo mejor posible, pues la mayor referencia documental es la Biblia, y claro tiene varios sesgos), a Jesucristo lo mata el Imperio Romano (y, no obstante, con la Italia actual hay hasta una convivencia geográfica y humana por parte de la Iglesia). Cristo nació judío y luego fue repudiado por este pueblo, sin embargo, este hombre revolucionario hubiera corrido la misma suerte en cualquier realidad donde naciera (así se lo han explicado a este columnista varios sacerdotes). Se condena la muerte del Mesías, pero no queremos ver que sin su muerte no habría resurrección, y sin ella no habría Iglesia Católica.

El antisemitismo, como hostilidad hacia los judíos (según lo explican los diccionarios), que muchas veces han llegado a la muerte, no tiene lugar en una religión de amor y tolerancia como la planteada por Jesucristo. Una religión que se basa en mandamientos tan claros como “no mataras”, “no robaras” (a los judíos se les robó millonarias propiedades durante el Tercer Reich) o “amaras a tu prójimo como a ti mismo”. Algunos podrán decir que la Biblia sí condena a los judíos, y es cierto el evangelista Mateo legó la frase ““¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” (Mt 27,25) / repudiada hoy en día por gran cantidad de religiosos. Curiosamente, Mateo fue de los pocos evangelistas que conoció a Cristo (pero someramente), no presenció ni su juicio, ni su muerte, ni fue un apóstol (como algún bienintencionado podría pensar). Es más, dentro de su Evangelio también se ubican frases misóginas, relegando el papel de las mujeres dentro de la Iglesia (aún hasta nuestros días).

Es importante recalcar que si bien la Biblia es concebida como “Palabra de Dios”, la explicación más amplia difundida por la Iglesia Católica es que “es escrita por el hombre, inspirado por Dios”. Sin embargo, la historia católica demuestra que esa inspiración ha sido interpretada y reinterpretada varias veces, al punto de aceptarse algunas posiciones dogmáticas como el celibato sacerdotal contraviniendo el texto bíblico, San Pedro (primer Papa) tenía suegra y por lo tanto esposa. Esos cambios son comprendidos en lo que se llama “tradición de la Iglesia”. Hace unos años Juan Pablo II rompió con los prejuicios antisemitas al llamar a los judíos “nuestros hermanos mayores”.

Pero eso es hoy, en los años del Holocausto la Iglesia cumplió un repudiable papel. Los casos más extremos fueron en los países Eslovaquia y Croacia. Los eslovacos bajo el gobierno de un Presidente que era además sacerdote, Tiso, que promovió el asesinato masivo contra los judíos, junto a su Primer Ministro (también católico) Vojtech Tuka deportaron a veinte mil judíos a los campos de la muerte. Peor aún el criminal caso del croata Miroslav Filipović, que siendo monje franciscano estuvo al mando del campo de exterminio de Jasenovac. Fue expulsado de la congregación cristiana, aunque no excomulgado, tampoco lo fue Tiso (un motivo podría ser sus ejecuciones en los años posteriores a la Guerra, aunque la Iglesia ha aplicado excomuniones post mortem en otras circunstancias).

Queda en el tintero, la participación del Vaticano en la huida de los criminales de guerra nazis, como es el caso de Adolf Eichmann ayudado a escapar de Europa por medio del Obispo Hudal, colaborador del entonces obispo Giovanni Battista Montini (posteriormente nombrado Papa Pablo VI, hoy beatificado). Como vemos un papel deplorable el de la Iglesia Católica durante el Holocausto, que es brevemente reducido por católicos (sacerdotes, religiosas y laicos) a favor de los judíos, pero como casos particulares alejados de la negligencia institucional del Vaticano.

Ahora, varios católicos podrían decir que se gana recordando estos tristes episodios, pues la respuesta es simple: nunca olvidar. En el momento que pretendemos borrar nuestros errores nos hacemos susceptibles a volver a cometerlos, cuando dejamos de ser exigentes con nosotros mismos, nos tornamos vulnerables al pecado. Por eso, la Iglesia Católica hoy deja claro que tenemos que guardar memoria frente a estos crímenes, para que no vuelvan a cometerse, así aparece por ejemplo en los documentos del Vaticano II (específicamente en Nostra Aetate) y en el documento papal Nosotros Recordamos: Una Reflexión sobre el Shoah (como se le conoce al Holocausto).

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Categorías:Derechos Humanos, Holocausto, ReligiónEtiquetas: , ,

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