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La Iglesia Católica y las cremaciones: Aclaraciones sobre esta polémica


Estamos iniciando el mes de noviembre, y lo hacemos con el Día de Todos Los Santos (o también el Día de los Muertos), fecha propicia para recordar y conmemorar a aquellos seres queridos que nos antecedieron. Sin embargo, este 2016 los católicos difícilmente van a poder sacar de sus pensamientos el reciente documento de El Vaticano, que trata sobre las cremaciones.

Iniciemos con la definición de cremación: o incineración es la práctica de deshacer un cuerpo humano muerto, quemándolo, lo que frecuentemente tiene lugar en un lugar denominado crematorio. Junto con el entierro, la cremación es una alternativa cada vez más popular para la disposición final de un cadáver. Ciertamente, una estadística que en el Perú se refleja, según Gestión, durante el 2015 aumentó en 30% la elección de este método mortuorio.

Es más, hasta la actualidad la mayoría de los católicos no tenían ni la menor sospecha que estas cremaciones fueran contrarias a la Iglesia. Los sacerdotes oficiaban las misas de cuerpo presente y no se percibía ninguna objeción a la incineración, muchas veces el velorio era realizado en instituciones que es sabido cuentan con un horno para cremación. Era, pues dable, suponer que la Iglesia no se oponía.

Sin embargo, lo primero que resalta este documento firmado por el Papa Francisco es la instrucción de 1963, Plam et constatem, donde se aconseja enterrar (dar sepultura) a los muertos, aunque se permite al clero dar las exequias. De esta manera se está avalando una posición ya expresada hace décadas, pero ¿No es misión de los sacerdotes dar esta información oportunamente, aunque hubiera tenido que hacerse en cada funeral? Ha faltado pedagogía de parte de nuestros guías.

La primera diferencia que quiero trazar, es que el nuevo mandato eclesial no se trata de una mera recomendación como algunos creyentes sostienen en las redes sociales, pues encierra claramente prohibiciones. No se elimina la cremación, pero solamente podrá hacerse si se le destina a un cementerio o las zonas que muchos templos tienen para este, con su respectivo cobro.

El sacerdote ya no podrá oficiar una misa de cuerpo presente, ni se prestarán los velatorios católicos para cuerpos que serán destinados a ser esparcidos (ya sea en el mar, en un jardín u otra zona geográfica) o para mantenerse en casa (salvo un pedido que se remarca como especial, que podríamos pensar es “especialmente complicado” de conseguir). Aquí si hay una prohibición en todo el rigor de la palabra.

Se desatan las polémicas, ¿Por qué se pueden cremar los restos sólo si se destinarán a un lugar pagado (ojo, el proceso funerario significa un fuerte desembolso para personas que tienen que hacer sacrificios que afectan sus vidas)? Se empieza a hablar de un negociado gestado desde el mismo seno de la Iglesia, pero esto no es necesariamente verdad.

La Iglesia maneja columbarios (mini nichos para colocar las cenizas del difunto), en Lima podemos mencionar a los templos de la Virgen de Fátima, de la Divina Misericordia, o del Sagrado Corazón de Jesús (entre otros). Pero, es una pequeña porción dentro del universo de los camposantos privados que también dan este servicio. Sin embargo, al cobrar en algunas congregaciones por este servicio, ya se instala la sombra de la duda sobre un interés económico detrás de esta instrucción vaticana.

Otro aspecto que molesta es el “paternalismo” eclesial, se asume que los católicos laicos somos (debemos imaginar en su mayoría, no tendría sentido hacer todo este previsible bolondrón por unos contados casos) una sarta de irresponsables. Que no sabemos cuidar de las cenizas de nuestros muertos. Se da una vez más una mirada de conmiseración hacia los no sacerdotes, pero estos últimos eran los que no cumplían con su tarea de informar sobre el documento del 63.

He podido sondear un gran pesar e indignación hacia los deudos que optaron por cremar a sus familiares y luego esparcir sus cenizas. Muchos sienten haber defraudado a sus seres queridos. La Iglesia previsiblemente señalará que esta prohibición entra en vigor a partir de ahora, pero ¿las leyes de Dios son retroactivas? Nuevamente, no era necesario ser más claros al respecto, incluso la actual misiva vaticana es complicada de leer y entender para la mayoría (¿siempre hay que redactarlas con un exceso de pasajes bíblicos?).

Finalmente, y para cerrar esta columna, ¿es el momento ideal para que la Iglesia muestre tanta preocupación por este tema? El respeto a los muertos es algo inherente en la mayoría de los seres humanos, sean católicos o no. El propio Papa Francisco se declara preocupado y motivado en combatir confusiones panteístas, nihilistas y naturalistas. Sin embargo, el catolicismo enfrenta una muy real deserción de miembros, sendos escándalos sexuales y pederastas, una imagen muy venida a menos. Temas que parecen estar en otra agenda, pero que no van a desaparecer ni hacerse “cenizas”.

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Categorías:Coyuntura, Derechos Humanos, ReligiónEtiquetas: , ,

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