Nazis asesinaban niños judíos para evitar que luego se venguen


Las imágenes más crueles y más dolorosas en cualquier holocausto o genocidio, son las referentes a niños. La calidad indefensa de los pequeños y el salvajismo con que se les arranca la vida consterna, en la eliminación de la raza judía que la Alemania Nazi intentó hacer durante el Reich de Adolf Hitler, a los infantes se les asesinó con bestialidad, dejando testimonios visuales y relatos indignantes.

Pero, ¿Cuál era el motivo de matar niños, muchos de ellos recién nacidos? Existen varias “razones” en la criminal ideología nacionalsocialista, una de ellas (en la que los actuales fanáticos de Hitler insisten) es como castigo por la calidad de “enemigos del mundo de la raza judía”. Sin embargo, ¿Los niños son enemigos de algo?, ¿Pueden ser culpados de algún crimen (por más que sea maliciosamente inventado)?

Heinrich Himmler, Reichsführer de las SS, indicaba lo siguiente en un discurso de mayo de 1944 a su Estado Mayor: “Si ustedes dicen: Los hombres lo podemos entender, pero no los niños. Entonces me gustaría llamarles la atención, en este enfrentamiento debemos acostumbramos a las reglas básicas y dejar que caigan en el olvido las normas morales de las antiguas guerras europeas que tanto significan para nosotros. En mi opinión no estamos, ni siquiera como alemanes con todos nuestros sentimientos profundos y buenos, justificados para permitir que crezcan estos niños y se hagan mayores unos vengadores llenos de odio”. (Biografía de Himmler/Peter Padfield).

De esta manera, Himmler pretende explicar que al asesinar a niños (algo que resultaba abyecto para muchos nazis) se lograba evitar una futura venganza de estos al hacerse hombres. Si alguien encuentra esta justificación siquiera explicable, entonces quiere decir que la lógica está de cabeza. Ojo, miles de niños mueren como consecuencias de bombardeos (y es terriblemente doloroso e injusto) pero matarlos por el mero afán de hacerlo, es incalificable.

Niños judíos eran asesinados por SS como entretenimiento en los guetos polacos. Otros llevados junto a sus familias a los campos de exterminio, donde al no servir como trabajador esclavo eran gaseados. Entre ese gran grupo de pequeños, el ex SS Oskar Gröning cuenta en un documental de la BBC que vio como a un niño de brazos lo desnucaban contra un camión para que dejé de llorar.

Es importante recalcar que Gröning hace esta declaración (donde también acepta el genocidio y las muertes en las cámaras de gas de Auschwitz) ya como un hombre mayor, sin posibilidad de ser enjuiciado (su caso fue desestimado al no intervenir directamente en los homicidios), desde la tranquilidad de su casa. Tal es la ausencia de coacción en su testimonio que hasta se da el lujo de indicar: “los niños no eran el enemigo, sino la sangre que llevaban dentro”.

El pequeño desnucado era un judío francés, de los más de cuatro mil niños que fueron detenidos junto con sus familias en una redada en París (16 de julio de 1942). Después de pasar una semana en el derruido Velódromo de invierno, y de pasar por una etapa de tránsito en el campo de Drancy, fueron separados cruelmente de sus padres transportados a Auschwitz. Un par de días después se llevó a los infantes (cuyas edades oscilaban entre los que iban desde los dos años hasta los doce), al mismo fatal destino. Ninguno de los cuatro mil sobrevivió.

Las cifras calculadas de los niños judíos muertos en los campos fue de millón y medio, y es difícil (por no decir imposible) justificar su desaparición. Acaso, ¿Esta cantidad de menores simple y llanamente “desaparecieron de la faz de la tierra”? Otros pequeños (estos con deformidades físicas y minusvalía mental) fueron asesinados en camiones con tubos de escape alterados (botaban el gas al interior) en un programa de eutanasia cometido en la misma Alemania. El Arzobispo Clemens August Graf von Galen se atrevió a denunciar estos homicidios, y hasta llegó a detenerlos temporalmente.

Cierro esta dura columna recordando que los niños nos son confiados por Dios, sin importar su nacionalidad, raza o religión. No deben ser víctimas de nuestras egoístas ambiciones territoriales u odios raciales, ya sea en conflictos como el de Israel y Palestina (con tristes bajas infantiles en ambos bandos) o las masacres registradas en África. Matar a un niño es el peor caso de salvajismo, y eso es un decir, pues ni los animales salvajes son tan crueles.

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Categorías:Derechos Humanos, HolocaustoEtiquetas: , ,

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