Hitler no arregló la economía y traicionó al obrero alemán


A un hombre se le juzga bajo realidades concretas, no con estadísticas momentáneas y sesgadas que son resultado de políticas engañosas y “maquillajes” económicos. Adolfo Hitler no sólo es recordado por genocida (algo que tocaremos en las siguientes columnas) sino por reactivar la economía de Alemania y haber “conquistado” varios países europeos en escasos meses. Pero esto no es verdad.

Veamos, el ascenso al poder de Hitler está rodeado de varios factores, asociarse con una serie de políticos, militares e ideólogos a los que luego terminaría traicionando (no a todos, pero sí a muchos). Los nombres de los hermanos Strasser (Gregor, a quién terminó asesinando, y Otto), Ernst Röhm (otro que pagó con su vida el apoyo al Führer). También defraudó al General Erich Ludendorff, figura cumbre en la escalada de posiciones del líder nazi.

Así como a ellos, Adolfo Hitler impuso un terrorismo de estado reflejado con claridad en dos golpes tan fundamentales como rastreros y traicioneros: el incendio del Edificio Reichstag y la llamada Noche de los Cuchillos Largos. Con el primero logró eliminar las libertades básicas de toda ciudadanía decente (expresión, propiedad privada, el secreto de la correspondencia y conversaciones telefónicas, etc). En la segunda cometió una serie de asesinatos de sus opositores políticos, forzando la salida de escena del Presidente Paul von Hindenburg.

Con las libertades eliminadas y los héroes militares (que gobernaban Alemania) jaqueados, el otrora cabo austriaco, que en la Primera Guerra Mundial no pasó de ser un encargado de la correspondencia en la zona de fuego (por lo que se le adjudicó una discutida Cruz de Hierro), tuvo carta libre para ejecutar los cambios que eran la base de su ofrecida Alemania del Tercer Reich.

Su primera gran promesa, realizada como líder del Partido Obrero (al que posteriormente convirtió en el Nacional Socialismo) era reactivar la economía y proteger los derechos del trabajador. Sin embargo, una de sus primeras medidas fue eliminar los Sindicatos, y quitarles a los obreros el derecho a huelga o protesta. De esta manera, traicionaba al hombre común de Alemania y beneficiaba a sus socios empresarios.

Está demostrado que Adolfo Hitler por un lado responsabilizaba a judíos de oprimir al pueblo y ver únicamente por sus propio beneficio. No obstante, bajo su amparo se respaldó a poderosas empresas (que hoy todavía mandan en la economía europea y mundial) como son Siemens (expatrocinador de la camiseta del Real Madrid), Adidas, Audi, el Deutsche Bank, Volkswagen, la Bosch y la peor de todas la I.G. Farben (dueña entre otras multinacionales de la química Bayer).

A estas empresas las ayudó a crecer, les permitió hacer uso del criminal trabajo esclavo (¿por qué no usó la mano de obra alemana tan necesitada de remuneraciones?) y concretar tremendas fortunas durante su “dictadura”. La reactivación económica (que en cifras es impresionante) no se formalizó con políticas reales, sino con maquillaje. Al ciudadano alemán se le pagaba con “trueques” (como en la Edad Media), muy distinto al dinero contante y sonante con que recompensaba a sus socios (mencionados en el párrafo anterior).

Adolfo Hitler y sus SS robaron a los judíos, les quitaron fortunas, casas, joyas y obras de arte. Estas valiosas propiedades fueron usadas para dos propósitos, la edificación de fabulosos castillos de campo para la cúpula del nacismo (Hitler, Henrich Himmler, Hermann Göring, Josef Goebbels o Reinhard Heydrich), siendo el ejemplo más fastuoso el llamado Berghof del propio Führer.

El resto del dinero se dilapidó en una guerra que según los más sensatos analistas del entorno hitleriano debió realizarse a partir del año 1944, con la economía recuperada. La ambición desmedida de Hitler y su absurda idea que países como Inglaterra o Estados Unidos no iban a cumplir sus pactos de protectorados con Polonia y Francia (los británicos) y con el propio Reino Unido (los norteamericanos), y que Rusia se iba a sentar a contemplar cómo las tropas alemanas los invadían, llevaron a la ruina a su Alemania. Al salirle todo mal, el Führer volvió a su recurso de siempre “culpar a la conspiración judía internacional”, ya en esos tiempos el maltratado pueblo teutón sólo se maldecía por haber creído en este tirano.

Categorías:Derechos Humanos, HolocaustoEtiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: