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El Señor de los Milagros vuelve a recorrer las calles este octubre


Octubre, para los peruanos, es tan importante como julio (mes de la independencia). Es este mes cuando miles de compatriotas salen en distintas fechas a acompañar al Señor de los Milagros. Una procesión de fe que en la actualidad se repite también en las calles de Nueva York y otras de las más importantes ciudades norteamericanas, asimismo el Cristo Moreno está presente en Roma, Madrid, Zúrich, París, El Cairo, Belo Horizonte, Buenos Aires, Ciudad de México y Caracas.

Más allá del origen de este cuadro, pintado por el esclavo angoleño Benito en tiempos coloniales, y de su persistencia aún frente a los movimientos sísmicos que azotaron Lima (siendo el más célebre el de 1655), la procesión del Señor de los Milagros es una de las más importantes muestras de religiosidad popular del mundo católico. Y, por supuesto, parte de la identidad peruana.

Este columnista no es asiduo a las multitudes, no gusta de conciertos ni de tribunas repletas, pero alguna vez me sumé a la procesión y compartí alguna oración en ese mar de gente morada. Entre los puntos más resaltables siempre privilegiaré el rompimiento de las barreras sociales y económicas en una Lima que se funde en devoción. Todos vestidos de hábitos morados son iguales a los ojos de Dios.

Sin embargo, siempre ha servido de escaparate para algunas figuras políticas (y hasta artísticas) y así ganar índices de popularidad. Defecto que se ha incrementado gracias a la difusión de las redes sociales. Una cosa es tomarse fotos en una fiesta, un acontecimiento social y hasta cuándo se va a emitir un voto electoral, pero en un acto religioso deberíamos respetar la mística.

Otro problema es la proliferación de robos, en grupos multitudinarios de personas ni la policía puede evitar estos atracos (muchas veces perpetrados en el ilegal arte del “carterismo”). Es por ello que se debe respetar la humildad al momento de participar de la procesión, donde no tienen lugar ni ocasión las finas joyas, ni siquiera esos rosarios o crucifijos de plata con un valor sentimental.

Quiero cerrar esta columna homenaje al Señor de los Milagros con una breve reflexión, no sólo en octubre Jesús está en las calles, siempre las recorre y lo podemos ver en el rostro humano de sus hijos. Sobretodo en el de los más humildes, los niños que te piden alguito de comer, los ancianos que no encuentran otra salida que la humillación de pedir limosna, ahí anda Cristo tan o más presente que en cualquier figura santa.

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Categorías:Coyuntura, ReligiónEtiquetas:

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