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Cipriani ha perdido toda legitimidad para representar a la Iglesia peruana


Las declaraciones del Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo del Perú, en su Programa Diálogos de Fe en Radioprogramas del Perú han dado la vuelta al mundo. Y no se trata de un mensaje positivo del Primado de la Iglesia Católica de nuestro país, sino de una irrespetuosa y denigrante aseveración donde responsabiliza a las mujeres de motivar violaciones sexuales en su contra.

La verdad, como peruano y católico hace años que no me siento representado por este señor, emisor de frases tristes e imperdonables. Desde su opinión, inaudita en un hombre que debe encarnar los valores del cristianismo, califica de “cojudez” a la Coordinadora de Derechos Humanos, siempre en busca de excusar los excesos de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el terrorismo, en tiempos de la dictadura de Alberto Fujimori, hasta su más reciente despropósito contra las víctimas de violaciones sexuales.

El Cardenal Juan Luis Cipriani siempre ha hecho gala de un notorio sesgo de misoginia, como en la charla que tuvo en las instalaciones de la Escuela Técnica del Ejército (en el 2001). Con el propósito de tender lazos con las fuerzas militares (sobre todo en sus miembros más jóvenes) se le ve respaldando conductas como la infidelidad y acudir al servicio de meretrices. Eso sí, siempre exponiendo su posición como representante de la Iglesia Peruana y protegiendo a su amado Opus Dei.

Esta semana, Cipriani sostuvo que “las estadísticas nos dicen que hay abortos de niñas, pero no es porque hayan abusado de las niñas, sino porque, muchas veces, la mujer se pone, como en un escaparate, provocando”. Donde, sin ningún remilgo, les dice a las mujeres más jóvenes que son las primeras responsables del abuso sexual que un degenerado pueda perpetrar contra ellas.

El Arzobispado de Lima, no el Cardenal en persona, sino la entidad que comanda ha querido “apagar el incendio” indicando que se ha interpretado erróneamente las palabras de Cipriani, y pidiendo perdón a las mujeres ofendidas. Pero no se trata de un error aislado, sino del sostenimiento de una conducta que rechaza los derechos de las víctimas de abuso en el Perú.

En las puertas del Arzobispado de Ayacucho, donde Juan Luis Cipriani ejercía como Obispo Auxiliar, se lucía un cartelito que decía “No se aceptan reclamos sobre derechos humanos”. Para los que desconozcan los hechos de la lucha armada en el Perú, Ayacucho fue la zona de mayores abusos de parte de las Fuerzas Armadas y los terroristas, es un escándalo que no se atendieran esos casos.

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Hace unos días estuve en el Museo de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social y me impresionó un panel donde aparecían los dolorosos testimonios de jóvenes mujeres que llegaron a ser violadas por hasta 40 elementos de las Fuerzas Armadas. Hoy, pienso que el Cardenal Juan Luis Cipriani probablemente tendría una “explicación” para la conducta de estos salvajes.

He compartido muchos momentos fraternos con una valerosa amiga colombiana, Angélica María Rodríguez, que viene trabajando en Colombia y en Perú (así como en otros países de América Latina) en el urgente tema de los derechos de la mujer y la lucha contra la impunidad de los delitos sexuales. Es cierto que lo dicho por Cipriani no afecta el esfuerzo de Angélica María ni el de otras entidades que protegen a las mujeres en nuestro país, pero sí es vergonzoso que lo diga la cabeza de la Iglesia Peruana.

Seguramente, van a intentar explicar esta declaración cardenalicia desde el punto de vista oficial de la Iglesia ante el aborto. Pero, es importante recordar que se puede proteger la vida humana con otros argumentos: como “desde el horror puede surgir el amor a un niño”, “mujeres que han curado heridas con los hijos que nacieron tras una violación” o la opción de la adopción.

Lo he dicho, como católico desde hace años no me siento representado por este Cardenal. Hoy me pregunto: ¿Cuántos católicos peruanos se siguen sintiendo representados por la figura de Juan Luis Cipriani? Por el bien de la Iglesia Peruana debería renunciar. Podría apostar que el Papa Francisco, dueño de una conducta tolerante y amorosa, hace rato espera esa renuncia.

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Categorías:Coyuntura, ReligiónEtiquetas: ,

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