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El Pisco en su día: Cómo y dónde disfrutarlo


Hoy, 24 de julio, se celebra el Día del Pisco. Nuestro licor de bandera empieza a engalanar las festividades de nuestra independencia, y a pesar que este columnista ya no puede darse ese gustito, sí lo hizo durante años. Por eso escribo estas líneas, aclarando de paso que no soy ningún experto en la materia, pero sí fui un entusiasta consumidor del pisco, donde busque coincidir dos aspectos fundamentales: el sabor y el ambiente.

Es importante aclarar que el pisco se puede degustar puro, en una copa especial (pequeña, abombada y alta) y, según me enseñó un auténtico agricultor de la uva pisquera, es importante percibir ese perfume tan característico de ese licor. Mientras más potente es el olor, la certificación de pureza es mayor. Eso sí, también existen los que no despiden aroma como el clásico quebranta o mollar.

Para catar el pisco y disfrutar de lo que los franceses acuñaron como el bouquet de las bebidas vitivinícolas, es fundamental no tomarlo de golpe. Vamos hombre, no se trata de una tortura ni una prueba de hombría. Al pisco hay que paladearlo, pues tiene “sabor” y es agradable. A veces hay paladares muy sensibles, pero se trata de un entrenamiento, de un coqueteo si nos ponemos poéticos.

Los peruanos somos de comer opíparamente, y un bajativo fabuloso es el pisco. En una tarde fría, como las que estamos viviendo actualmente, este licor cristalino nos da esa sensación de calor tan necesaria. Mi recomendación a la hora de tomarse un pisco es en una cantina tradicional como el Carbone, Queirolo o los bares de hoteles que han vivido Lima por generaciones: El Bar Inglés del Country, y El Bolívar.

Muchos optarán celebrar al pisco con su Pisco Sour (a pesar que nuestro cóctel tiene su propio día en febrero), y por ello reviviré algunos momentos dónde disfruté de esas copas anchas y dulces, de la mezcla del pisco, limón y huevo (con su amargo de angostura, no canela como puede creer un neófito). Y, para andar con estas Fiestas Patrias que nos transportan a la memoria de nuestra identidad peruana, hagamos un poco de historia.

Oficialmente, el Pisco Sour nació en el Hotel Maury, a pesar que muchos señalan erróneamente el Bolívar, su inauguración es de 1924 y del Pisco Sour se conoce desde 1903 donde se le denominaba como un ponchecito. Lo que se sabe de oídas es que un cliente británico habría pedido en el Bar del Maury un whisky sour, pero con nuestro pisco de materia prima: el resultado fue el primer Pisco Sour.

Otros entendidos reseñan al propietario del Bar Morris, Victor Morris, como su creador. Pero a él se le adjudica realmente la popularización de nuestro cóctel bandera. Justamente, autores chilenos como Guillermo Toro-Lira lanzaron estas teorías en sesudas investigaciones. De ahí quizás se origina el “malentendido” sobre el origen del Pisco Sour, bien peruano que muchos hermanos del país sureño han aprendido a disfrutar, tal como nosotros hacemos con su vino.

A los hoteles mencionados en esta columna, me permito agregar a un restaurante de mucha tradición criolla: el José Antonio. Su Pisco Sour es delicioso, potente, y bien servido. En el local de San Isidro leía la prensa deportiva local con sus varias copas de Pisco Sour, un placer que atesoro en mi memoria, ya no lo puedo hacer, pero así queda como un cuadro en mi galería personal,

¡Viva el pisco! ¡Viva el Pisco Sour! ¡Viva el Perú!

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Categorías:Coyuntura, FiestasEtiquetas: , , ,

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