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Orlando: ¿Hogar del Ratón Mickey vive una maldición?


La pasada semana, la ciudad norteamericana de Orlando (La Florida) ha experimentado tres hechos de sangre (con 52 víctimas mortales). El homicidio de una joven cantante cuya carrera iniciaba a despegar, el asesinato homofóbico de hasta 49 personas en una discoteca gay y la muerte accidental de un niño de apenas dos años, causado por un caimán.

Todo ello en las cercanías de Disneyworld, el conjunto de parques de atracciones de la megaempresa fundada por el visionario Walt Disney. El hogar del Ratón Mickey, promocionado como “el lugar donde los sueños se vuelven realidad” parece haberse convertido en una pesadilla digna de una película de horror. Ya, algunos medios de comunicación hablan de una “maldición en Orlando”.

Pero, repasemos un poco mejor estos tres casos: Christina Grimmie, que se dio a conocer en The Voice (la versión norteamericana) murió víctima de impactos de balas en una calle de Orlando. El asesino (que luego se quitó la vida) ha sido identificado como Kevin James Loibl, quien llegó hasta esa ciudad con la intención de asesinar a la artista de 22 años. Diferentes estrellas del mundo de la canción le rindieron un póstumo homenaje. En esta misma fanpage, un artículo sobre su muerte congregó sentidos comentarios.

Omar Mateen, un homofóbico que dijo ser parte del Estado Islámico, desató la peor masacre en los Estados Unidos (desde el infame 11S), en una discoteca gay llamada The Pulse. Asesinó a 49 personas (aunque en un inicio se hablaba de 50 víctimas). Finalmente fue muerto por la propia policía de Orlando. Todas las investigaciones (donde se incluyen los datos hallados en su computadora) indican que se trataría de un “crimen de odio” y no de un atentado terrorista.

El último caso no es un homicidio, pero sí es el que puede despertar los más encontrados sentimientos. Un niño de dos años fue capturado por un caimán en una laguna artificial del Complejo Grand Floridian Resort & Spa de Disney. El animal lo ahogó, sin que los padres del pequeño Lane Graves pudieran evitarlo. El deceso pone en tela de juicio la seguridad dentro de las atracciones zoológicas del famoso conglomerado, así como la coexistencia entre visitantes y animales.

¿Se puede hablar de una maldición en Orlando? Desde esta tribuna creemos que sostener esa idea sólo se presta a alimentar “leyendas urbanas”. Las muertes han sido trágicas y consecutivas, pero aisladas. Igual, se debe reparar en temas como la seguridad, sobretodo en una ciudad que tiene uno de los mayores índices de turismo a nivel mundial (sólo durante el 2015 recibió a 66 millones de personas).

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